CIUDAD DE MÉXICO/EL UNIVERSAL.- Un millón 800 mil personas asistieron al Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo en Iztapalapa, que en su edición 179 se llevó a cabo en un formato mixto, permitiendo que el Viacrucis y Crucifixión fueran eventos abiertos al público, tras dos años de pandemia de Covid-19. Sin embargo, no fue suficiente para superar o alcanzar las cifras de 2019, cuando asistieron 2.1 millones de personas. De acuerdo con la alcaldía Iztapalapa, sólo este Viernes Santo reunió a 1.5 millones de espectadores que se congregaron detrás de las vallas para revivir la Pasión de Cristo. Este viernes, la gente nuevamente acudió a la macroplaza, y posteriormente vivieron el Viacrucis de 3.5 kilómetros, para terminar con la Crucifixión de Jesús de Nazaret en el cerro de la Estrella. A través de redes sociales, la Semana Santa fue vista por 15 millones de personas. La alcaldesa Clara Brugada destacó el comportamiento de un millón 800 mil ciudadanos, quienes respetaron las actividades del Domingo de Ramos, Jueves y Viernes Santo. Cabe destacar que durante la procesión participaron 4 mil nazarenos y la seguridad y agilidad del tránsito estuvo a cargo de mil elementos.
ASISTE LA JEFA DE GOBIERNO
En esta 179 edición destacó la presencia de la jefa de Gobierno de la Ciudad, Claudia Sheinbaum, quien arribó junto con la alcaldesa a las 13:46 de la tarde a la macroplaza y presenció la representación de los pasajes bíblicos. La mandataria aseguró que la representación de Semana Santa es Patrimonio Cultural de la Ciudad de México, además de que es una fiesta del pueblo, por lo que su presencia va más allá de la diferencia entre el gobierno y la Iglesia. Incluso, dijo, le gustaría regresar en 2023. "Más allá de que el gobierno es laico y de la separación del Estado e Iglesia, es una fiesta del pueblo. Es algo muy querido por las familias de Iztapalapa", apuntó.
PUDO MÁS LA FE; MILES OLVIDAN LA PANDEMIA
La expectativa era alta, pues fue uno de los eventos que por la pandemia, durante dos años se cerró al público; ayer, un millón 500 mil personas se dieron cita en los diferentes puntos por donde pasaría Jesús azotado por los romanos. No importó el calor, las largas horas de espera, que no se haya respetado el uso de cubrebocas, y que las personas se empujaran para estar a unos metros de Jesús de Nazaret, aunque fuera una personificación. Cerca de las 10:00 de la mañana del viernes, apenas la aglomeración era un guiño de lo que se convirtió pasado el mediodía: miles y miles de personas intentando ver la puesta en escena, cargando a niños en los hombros, comprando periscopios hechos con cajas de cartón y dos espejos yuxtapuestos que ayudaban a la visibilidad, porque, apenas las pantallas alcanzaban para saciar las ganas por ver el juicio en la macroplaza; escuchar a los fariseos rabiosos por que Poncio Pilatos condenara a muerte al que era un predicador y líder religioso judío. Por las calles que verían el paso de Jesús cargando su cruz, se observaban familias saliendo a sus portones, colocar sillas y esperar a que pasara el Viacrucis acompañado de una banda tradicional que ambientaba cada una de las caídas. "En parte está bien, pero hay que saber cuidar, es recomendable que todos sigan usando el cubrebocas", dijo el señor José Luis. Otras personas aseguraron que habían esperado a que terminara la pandemia para acudir al Viacrucis, ya que siempre lo habían visto por televisión. Recorrer las calles era encontrarse con nazarenos agotados, haciendo ligeros calentamientos con la cruz al hombro para resistir todo el trayecto hasta el cerro de la Estrella. También era encontrarse con puestos de comida, tacos, quesadillas, gorditas, pan de feria, la feria misma saliendo del Metro Iztapalapa, refrescos preparados, paletas de hielo. Una vendimia ante el templo de Poncio Pilatos; una vendimia frente a las tres cruces del cerro y a lo largo de las avenidas Aztecas, Mariano Escobedo, Ayuntamiento, Allende, Cuauhtémoc, Hidalgo, Estrella y Predio de la Pasión. En punto de las 14:00 horas, Axel Eduardo González Bárcenas, el primer Cristo postpandemia, salió al paso con su cruz, frente a los iztapalapenses, pues este año fueron pocos los extranjeros que asistieron. Desde el arribo de Jesús al Templo de Poncio Pilatos, las personas comenzaron a aventarse, por lo que la policía capitalina tuvo que cerrar el paso. Lo mismo ocurrió en la subida al cerro de la Estrella hasta donde se desplegaron los cuerpos policiales para evitar que personas ajenas a la peregrinación llegaran hasta el cerro, ya convertido en el Monte Calvario. Las mandas cobraron un nuevo sentido. Uno de los nazarenos cayó un par de veces, se tapaba la cara por la impotencia de que su cuerpo no resistiera más. Son- rió y volvió a cargar su cruz. Julio César, otro nazareno, yacía tirado a las faldas del cerro de la Estrella, los pies los tenía destrozados, el vendaje no había sido suficiente para protegerlos. "Me fue bien, es una manda, mi mamá se puso mala, le prometí salir tres años, este ya es el tercero.