Ronald Johnson, embajador de Estados Unidos en México, anunció una inversión por 40 millones de dólares en el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), con sede en nuestro país, para el fortalecimiento del sistema alimentario.
Esta inversión, declaró el embajador, refuerza el liderazgo estadounidense en ciencia agrícola, además que fortalece los sistemas alimentarios a nivel global.
"La seguridad alimentaria es seguridad estratégica. Para los Estados Unidos, fortalecer la resiliencia agrícola, proteger las cadenas de suministro y avanzar en la innovación en ciencia de cultivos son prioridades nacionales centrales bajo el liderazgo del presidente Trump", dijo.
Con esta inversión, Johnson destacó beneficios para México como el acceso a variedades mejoradas de trigo, con mayores rendimientos y mayor resistencia a plagas, enfermedades y fenómenos climáticos extremos.
También protección de la biodiversidad del maíz en México mediante el respaldo a uno de los bancos de germoplasma más grandes del mundo, que resguarda más de 28 mil accesiones de maíz y 124 mil de trigo.
Además, la reducción de la dependencia de fertilizantes a través de mejores prácticas agronómicas que disminuyen costos para los productores y fortalecen la sostenibilidad a largo plazo, así como la ampliación de ensayos de investigación y centros de innovación para aumentar la productividad agrícola, elevando ingresos y apoyando la generación de empleo en comunidades rurales.
"Al liderar en este ámbito y profundizar la colaboración con socios confiables como México, fortalecemos nuestra propia resiliencia y ampliamos nuestra prosperidad compartida", señaló.
Casi el 60% de la superficie sembrada de trigo en los Estados Unidos se beneficia de variedades derivadas del CIMMYT, fortaleciendo la productividad, la resiliencia climática y la estabilidad de los mercados.
El diplomático subrayó que la colaboración con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo permitirá acelerar el desarrollo de tecnologías agrícolas que respondan a los desafíos del cambio climático, la escasez de agua y el crecimiento de la población. Señaló que la cooperación científica entre ambos países ha sido clave para impulsar cultivos más resistentes y productivos.
Asimismo, destacó que el financiamiento contribuirá a fortalecer la capacitación de investigadores, técnicos y productores, mediante programas de transferencia de conocimiento y adopción de prácticas sostenibles en campo. Esto, dijo, permitirá que pequeños y medianos agricultores mejoren su competitividad y reduzcan riesgos ante fenómenos climáticos extremos.
Finalmente, reiteró que esta inversión forma parte de una estrategia más amplia de cooperación bilateral orientada a consolidar cadenas de suministro más sólidas y sistemas agroalimentarios más resilientes en América del Norte, con beneficios directos tanto para productores como para consumidores.