El festejo empezó mucho antes, pero entró en efervescencia cuando el árbitro pitó el final del juego y el imaginario de quienes lo miraron en distintos puntos de la ciudad se desbordó hacia un país que todavía no existe "¡se vale soñar!", gritaba una voz desde los televisores.
Los cálculos oficiales dicen que al centro de Guadalajara más de 60 mil personas llegaron buscando ver el partido "histórico" (por ser la primera vez que el equipo nacional jugó en esta tierra durante un mundial) y por ello las autoridades suplicaron a la gente que ya no bajara al primer cuadro, que buscara otra parte dónde estallar su júbilo.
Algunos optaron por la glorieta de La Minerva sabiendo que sería epicentro del festejo en caso de que el equipo de Corea fuera doblegado, pensaron que alguien encendería las pantallas gigantes instaladas desde la víspera para el concierto "histórico" (quien sabe por qué) de Maná, pero no ocurrió. Como sea, ahí permanecieron estoicos y a la espera, mientras la mitología fundacional del país que todavía no existe se forjaba.
Primero la suerte colocó en los anales de esa historia al mochitense Luis Francisco Romo Barrón, después un alarde de reflejos elevó a nivel de héroe al zapotlense José Raúl "El Tala" Rangel Aguilar; ambos, jugadores de Las Chivas, lo que inflamó aún más el nacionalismo en la tierra del mariachi.
Desde el centro miles remontaron a pie y desquiciaron la ya de por sí frágil circulación; desde el estadio el trayecto fue más complejo porque implicó trayectos a pie, en transporte colectivo y en auto, pero mucho más efectivo porque ahí se concentró el grueso del operativo vial desplegado por la autoridad.
Por las calles que conducen a la estatua de la diosa romana de la sabiduría y la guerra, una marea de camisetas verdes cargaba los ideales del país que todavía no existe y elegía como himno los versos del Cielito lindo.
Niñas, niños, mujeres y hombres caminando juntos, cantando, felices, sin más preocupación que pasarla bien, sin importar si al día siguiente hay trabajo o escuela: los desconocidos se abrazan, cantan juntos, se besan y bailan; más de 50 mil personas congregadas, según el reporte oficial (las fotografías sugieren que pudieron ser más, casi tantos como los 160 mil que dice el gobierno vieron a Maná en el mismo lugar un día antes).