La crisis en el país se agudizó con la reelección de Ortega y Murillo para gobernar al menos hasta 2027
"Nicaragua, en el totalitarismo como Cuba"
La crisis en el país se agudizó con la reelección de Ortega y Murillo para gobernar al menos hasta 2027
SAN JOSÉ, Costa Rica/EL UNIVERSAL.- Tras ilegalizar el martes pasado a la Academia Nicaragüense de la Lengua en una decisión que impuso en la Asamblea Nacional (Congreso unicameral), el cuestionado gobierno de Nicaragua enfrenta ahora las acusaciones de que se enrumba hacia el totalitarismo y copia a Cuba: nada fuera del régimen, todo dentro del régimen. La meta del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y de su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, se cumple: la represión persiste, los políticos opositores están en el exilio o presos en cárceles nicaragüenses, los verdaderos partidos adversarios están paralizados o dejaron de existir, las organizaciones independientes o no estatales de la sociedad civil están en vías de desaparición y el libre ejercicio del periodismo está bajo constante amenaza de ataque. La Iglesia católica en Nicaragua, cuya jerarquía fue utilizada por la pareja gobernante en 2005 y 2006 para recuperar el poder en 2007, está bajo el acoso constante de las fuerzas policiales y paramilitares de Ortega y Murillo. La receta que Cuba aplicó tras el triunfo revolucionario de 1959 de que "dentro de la Revolución todo y fuera de la Revolución nada", comenzó a reproducirse con rapidez en Nicaragua, en especial a partir de que una ola de protestas antigubernamentales estalló en 2018 para exigir democracia y libertad y repudiar como dictadura dinástica a Ortega y a Murillo. Con el dominio del omnipresente Partido Comunista de Cuba (PCC), único legal en ese país, todo germen disidente fue enfrentado por la Revolución Cubana con cárcel a opositores o su expulsión al exilio; los que optaron por sobrevivir en la ilegalidad soportan el temor diario de estar bajo vigilancia y en riesgo de arresto. "Objetivo del régimen Ortega-Murillo: desaparecer el espacio para la sociedad civil independiente", denunció la (no estatal) Federación Internacional por los Derechos Humanos (FIDH), una instancia mundial con sede en París: "El espacio para la sociedad civil en Nicaragua sigue reduciéndose con la cancelación arbitraria, en menos de un mes, de la personalidad jurídica de otras 177 organizaciones sin fines de lucro y fundaciones nicaragüenses". En una declaración, la FIDH recordó que desde diciembre de 2018 "las autoridades nicaragüenses han ilegalizado" al menos 336 organizaciones no gubernamentales, de las que 253 fueron "arbitrariamente cerradas" en 2022, con el pronóstico de que habrá otras 96 cancelaciones para completar 432. Las "cancelaciones" buscan eliminar toda visión social y política "que difiera a la del régimen", en un "acoso sistemático, característico de un Estado totalitario", advirtió. Ortega y Murillo, que siempre desmintieron la represión a sus opositores, adujeron que su gobierno sufrió en 2018 un intento terrorista de golpe de Estado de la oposición con apoyo de EU, negaron ser una dictadura y aseveraron que las organizaciones ilegalizadas incumplieron con la norma de inscribirse como agentes extranjeros. La crisis en el país se agudizó con la reelección de Ortega y Murillo para gobernar al menos hasta 2027 en un cuarto periodo consecutivo, en comicios calificados como ilegítimos por instituciones externas y sin que los opositores pudieran participar por estar encarcelados. El diputado nicaragüense Moisés Pastora, del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), escribió en El19digital, un medio del oficialismo, que los opositores son "mentes torcidas y divorciadas del mundo moderno que nos quieren poner los grilletes de la esclavitud con modelos prehistóricos y arcaicos". Son "agentes, voceros y empleados del amo extranjero [EU]", añadió.