El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta iraní contra países de la región generaron una fuerte reacción internacional marcada por la preocupación ante una posible escalada en Oriente Medio.
En Irán, los Guardianes de la Revolución prometieron un "castigo severo" tras confirmarse la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. Rusia calificó la ofensiva como una "peligrosa aventura" que podría provocar una catástrofe regional, mientras el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió el cese inmediato de las hostilidades.
En el mundo árabe, líderes como el emir de Catar y el príncipe heredero saudita llamaron al diálogo, aunque Emiratos Árabes Unidos y otros países condenaron los ataques iraníes.
Omán lamentó el fracaso de las negociaciones, la Autoridad Palestina rechazó los bombardeos de Teherán y Líbano afirmó que no quiere verse arrastrado al conflicto, mientras Hezbolá expresó apoyo a Irán.
Potencias como China, India y Turquía pidieron moderación y diálogo.
La Unión Europea, Francia, Reino Unido y Alemania insistieron en evitar una escalada mayor y buscar una solución negociada. España criticó tanto la acción militar de Washington y Tel Aviv como la respuesta iraní.
En América, Argentina y Canadá respaldaron las acciones contra Irán, mientras Colombia cuestionó la decisión de Estados Unidos.
Brasil y Cuba condenaron los ataques y llamaron a respetar el derecho internacional.
Australia hizo declaraciones críticas sobre Jamenei, Noruega cuestionó la legalidad del ataque israelí, y Ucrania elogió la postura estadounidense.
Países africanos como Sudáfrica y la Unión Africana pidieron desescalada urgente, mientras Marruecos condenó los bombardeos iraníes contra naciones árabes. Nueva Zelanda instó a retomar las negociaciones.
En conjunto, las reacciones reflejan divisiones internacionales, pero predominan los llamados a la moderación y a reactivar el diálogo diplomático para evitar un conflicto regional más amplio.