El gobierno de Irán anunció que esta semana podría iniciar una nueva ronda de negociaciones con Estados Unidos sobre su programa nuclear y el levantamiento de sanciones, una vez que se firme el viernes el acuerdo para poner fin a casi cuatro meses de guerra en Oriente Medio. El canciller Abás Araqchi señaló que ambas partes buscarán alcanzar un pacto definitivo en un plazo de 60 días.
El memorando de entendimiento, mediado por Pakistán y Catar, contempla además la reapertura total del estrecho de Ormuz, una ruta clave por donde antes del conflicto transitaba cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas. La reapertura fue celebrada por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien calificó el acuerdo como "un documento muy poderoso".
A la ceremonia de firma asistirán el jefe negociador iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, y el vicepresidente estadounidense, JD Vance, mientras que Trump no descartó acudir. Tras el anuncio del acuerdo y de la reapertura de Ormuz, los precios internacionales del petróleo registraron fuertes caídas: el Brent perdió 5.06% y el WTI retrocedió 5.82%.
Las negociaciones buscarán resolver asuntos pendientes, entre ellos el programa nuclear iraní y las sanciones internacionales. Estados Unidos e Israel exigen que Teherán elimine sus reservas de uranio altamente enriquecido, mientras que Irán insiste en que su programa tiene fines pacíficos y defiende su derecho a enriquecer uranio.
Pese al avance diplomático, persisten tensiones en la región. El canciller iraní afirmó que el fin de la guerra en Líbano es una condición indispensable para consolidar la paz, aunque este martes continuaron los bombardeos israelíes en el sur libanés. En respuesta, el ejército iraní advirtió que actuará si Israel no detiene sus operaciones militares.
Analistas internacionales consideran que el éxito de las próximas negociaciones dependerá de la capacidad de ambas partes para generar confianza y contener los focos de conflicto aún activos en Oriente Medio. Un acuerdo definitivo podría contribuir a estabilizar los mercados energéticos y reducir las tensiones geopolíticas que han marcado a la región en los últimos meses.