El funeral de Estado del antiguo líder supremo iraní Alí Jamenei comenzó este sábado en Teherán, donde miles de fieles acudieron en masa al lugar en una demostración de fuerza tras la guerra contra Israel y Estados Unidos.
Cuatro meses después de la muerte del ayatolá en bombardeos selectivos israeloestadounidenses que desataron el conflicto el 28 de febrero, su féretro permanece expuesto en la Gran Mosalá, un vasto complejo religioso en la capital. Sobre él, yace su emblemático turbante negro.
La mayoría vestidos de negro, varios miles de asistentes se congregaron en el lugar desde el amanecer del sábado, incluso antes de que la televisión estatal anunciara, hacia las 06H00 locales (02H30 GMT), el inicio oficial de los actos.
Muchos enarbolaban banderas chiitas rojas con la inscripción "Mártir". Según un periodista de la AFP, algunos participantes corearon "¡Venganza!", pero también "¡Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel!", lema frecuente en las concentraciones oficiales.
Igualmente se vieron pancartas de color rojo que llaman a "#MatarATrump", justo cuando Estados Unidos celebra su 250º aniversario.
"Prometimos al líder supremo que seguiríamos con él hasta el final. Toda esta gente está aquí por él", dice Reza, un profesor universitario de 37 años.
Las autoridades prevén que entre 15 y 20 millones asistan a estos homenajes solo en la capital iraní, que se anuncian como los más grandes en la historia del país.
El evento, que se extenderá por seis días, pretende ser una demostración de fuerza en plena negociación diplomática entre Estados Unidos e Irán, tras la firma el mes pasado de un acuerdo marco para poner fin al conflicto.
Sin embargo, seguía sin haber rastro de su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, que no fue visto en público desde que fue nombrado líder supremo a principios de marzo.
Presuntamente herido durante los ataques que mataron a su padre, el dirigente solo se expresa mediante mensajes escritos y no aparece en público.
Con motivo de este homenaje, que tiene lugar seis meses después de importantes manifestaciones contra el alto costo de la vida y el gobierno, el centro de Teherán se convirtió en una fortaleza, con numerosos controles policiales, constató la AFP.