Más de 45,300 ejemplares jóvenes (plántulas) de árboles nativos han sido plantados en el último medio año en el municipio de Cadereyta Jiménez para avanzar en la recuperación de uno de los ecosistemas más presionados de la Zona Metropolitana de Monterrey.
"Con este programa de reforestación contribuimos a la lucha contra el cambio climático y buscamos impulsar el aumento de la vegetación en esta región, porque sabemos que la falta de ella influye directamente en la pérdida de hábitat y de especies, en el incremento de la erosión y en una menor fertilidad del suelo", explicó Marcela Martínez, jefa del área Química y Medio Ambiente de la central de ciclo combinado El Carmen y una de las responsables de la ejecución del proyecto, en el marco del Día Mundial de la Vida Silvestre, que se conmemora este 3 de marzo.
El programa de reforestación forma parte del compromiso ambiental vinculado a la operación de la planta, que incluye una serie de estrategias, técnicas y medidas para favorecer la conservación, protección, restauración y manejo adecuado de los suelos.
"Las especies arbóreas elegidas -mezquite, huizache, palo verde y anacahuita- forman parte del paisaje natural del noreste del país y cumplen un papel crucial en la recuperación del hábitat, en la fertilidad del suelo y en la mitigación de la desertificación", agregó Martínez.
Según explicó, el proceso no ha estado exento de desafíos, pues en la región se han vivido en los últimos años heladas invernales combinadas con ciclos prolongados de sequía que han obligado a efectuar acciones de reposición continua de árboles para mantener la supervivencia mínima del 85 % establecida por la autoridad, asegurando el crecimiento de las especies jóvenes plantadas para la restauración de las áreas.
Para fortalecer sus resultados, este plan cuenta con un vivero interno con el que se espera tener un suministro permanente equivalente al 15 % de los ejemplares sembrados. Cada planta, además, cuenta con registro GPS individual, lo que permite monitorear su crecimiento, reemplazar ejemplares dañados y dar seguimiento detallado al avance de la zona restaurada.
Las labores en campo incluyen la apertura de cepas, limpieza de maleza, trazado de marcos de plantación, instalación y mantenimiento del invernadero, conservación de brechas y revisión de protectores para evitar daños ocasionados por la fauna local, como venados y liebres.
Este proyecto de restauración se integra a la estrategia ambiental de la central, que también contempla acciones como la recuperación de agua de proceso, el monitoreo continuo de emisiones y la elaboración anual del inventario de gases de efecto invernadero.
