La selección mexicana de fútbol tendrá, en su tercera vez como anfitrión de un Mundial, el reto de acabar con el escepticismo sobre su capacidad para al menos igualar sus actuaciones en las ediciones de 1970 y 1986, en las que terminó como sexto lugar de la justa.
El equipo del seleccionador Javier ´Vasco´ Aguirre inaugurará la Copa del Mundo el próximo jueves ante Sudáfrica en el estadio Ciudad de México, en un partido que está obligado a ganar para encaminarse a terminar como primer lugar del grupo A, para mantenerse bajo el cobijo de su afición al menos hasta los octavos de final.
A pesar del crecimiento que el fútbol mexicano ha tenido desde 1970, cuando albergó su primera Copa del Mundo, entre los medios especializados y el pulso de su afición, se ve como una misión casi imposible que su selección termine entre los primeros seis lugares.
1970, sexto entre 16
Hace 56 años, la selección mexicana que obtuvo su primera victoria mundialista en Chile 1962, se presentó en el Mundial del 70 con una lista de 22 jugadores de una liga local casi desconocida.
México vivía la etapa final del llamado ´Milagro mexicano´ o ´Desarrollo estabilizador´, periodo de crecimiento económico que concluyó en 1970.
El seleccionado tricolor terminó la fase de grupos en segundo lugar, con dos triunfos y un empate, detrás de la Unión Soviética. En cuartos de final cayó 4-1 ante Italia, a la postre subcampeona.
Sus resultados ubicaron al tri en un meritorio sexto escalón entre las 16 selecciones participantes.
1986, a un suspiro de las semifinales
La segunda designación llegó de rebote para México, gracias a que en octubre de 1982, Belisario Betancur, presidente de Colombia declinó ser la sede de la Copa del Mundo de 1986.
México aseguró su lugar en la justa de 1986, debido a que un año después del abandono de Colombia, recibió el visto bueno para la organización de su segunda Copa del Mundo.
Un devastador terremoto ocurrido el 19 de septiembre de 1985 puso en peligro los preparativos para la justa.
Debido a los destrozos, fallecimientos, crisis económica y daños en las comunicaciones, la FIFA evaluó cancelar o trasladar el torneo, algo que fue imposible por la premura.