El próximo 11 de septiembre es una fecha señalada para muchos amantes del boxeo, ya que veremos a Óscar de la Hoya calzarse los guantes de nuevo tras una larga inactividad; concretamente, desde 2008 en su derrota ante Manny Pacquiao. El medallista olímpico y campeón mundial en seis categorías se enfrentará al ex luchador de MMA Vitor Belfort, que llegó a conseguir el título mundial de los semi pesados en la UFC y ahora cuenta con 44 años (por los 48 del mexicano), con algo más de tres años de inactividad en la competición.
El combate será con reglas de boxeo y a una distancia de ocho asaltos de dos minutos, en la categoría de las 180 libras. A priori, la ventaja es para el de California, bien acostumbrado al pugilismo, en el cual ha conseguido grandes logros. Sin embargo, el brasileño puede acusar menos la inactividad.
Muchos, ahora mismo, están pensando en el precedente de Anderson Silva contra Chávez Jr., de hace un par de meses, donde Silva derrotó al mexicano e hizo saltar la polémica. La derrota del ex peso medio se atribuyó, en gran medida, al hecho de que subestimara al brasileño y apareciese con una pobre preparación. Especialmente porque Silva, que había sido considerado uno de los más grandes de la UFC, venía de una penosa racha: en sus últimos nueve combates, solo una victoria y un No Contest, el resto eran derrotas; además de que su especialidad no era, en absoluto, el boxeo. Algo estaba fallando en esto de enfrentar a boxeadores consagrados con luchadores de MMA.
Aunque ya había habido tímidas incursiones en esto de mezclar disciplinas, el referente moderno (y nada lejano en el tiempo) fue el salto al boxeo de Conor McGregor, la gran estrella de la UFC, contra Floyd Mayweather Jr. en agosto de 2017. Un publicitado, polémico y millonario combate que acabó con la victoria del americano por KO Técnico en el décimo asalto y que creó un precedente muy lucrativo dada la expectación y la bolsa en juego; un dinero que no suele estar al alcance de los peleadores de MMA.
Para muchos también representó el inicio del fin del irlandés, cuyo declive no ha parado en los últimos cuatro años (a excepción de la victoria frente a Donald Cerrone en 2020); ni con el apoyo de figuras como su compatriota Fintan Hand, miembro del equipo de PokerStars, o de futbolistas como Sergio Ramos, defensa del Paris Saint Germain, Conor ha conseguido, todavía, levantar cabeza.
Pero el hecho de que este tipo de combates se hayan popularizado en los últimos meses también tiene mucho que ver con la irrupción de los hermanos Paul; concretamente, Jake Paul se ha propuesto demostrar que un youtuber como él, sin apenas experiencia previa en el boxeo, es capaz de derrotar a algunas estrellas (o ex estrellas) de la UFC. Y de momento no le está yendo nada mal: el de Cleveland consiguió tumbar a Ben Askren en el primer asalto el pasado mes de abril.
Envalentonado por este evento, retó al ex campeón de los pesos welter de UFC Tyron Woodley. Woodley no solo llegó al final de la contienda, sino que hizo Paul se tambaleara en el cuarto asalto. Finalmente, el youtuber se alzó con la victoria por decisión dividida, aunque parece que esta vez ha visto el peligro de cerca y podría estar considerando acabar con esta aventura pugilística, por lo que se retiraría invicto.
Para evitar sorpresas, parece que Óscar de la Hoya está preparándose a fondo para su combate contra Belfort en Los Ángeles en este nuevo capítulo de boxeo contra MMA. Algunos aficionados no ven con buenos ojos este tipo de enfrentamientos, ya que creen que desvirtúan el deporte y se producen únicamente por motivos económicos y publicitarios, sin aportar nada de interés al noble arte. Pero lo que es innegable es que su repercusión es mundial y que no va a ser la última vez que veamos este tipo de contiendas. ¿Quiénes serán los próximos?