Los cuentos que se quedaron sin contar

Los andares del destino

Olga de León G.

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar..." (A. Machado). Habla en este poema (entre líneas y solo visible para espíritus símiles en sensibilidad) de la pérdida de su amada; de manera más obvia de la vida y la determinación del ser de irse haciendo al andar, que la vida no ofrece un camino predestinado ni hecho a la medida de cada uno; así como de los momentos que no han de volver (el pasado no se repite ni se puede componer): el ayer quedó atrás. Solo existe el presente.

Un día aparecieron siete espejos enmarcados en madera, del tamaño de una puerta; otro, una caja con una pantalla, casi del ancho de una pared como de tres metros por uno y medio o dos. Diariamente, llegaban artículos diversos, además de libros, audífonos y otras herramientas de tecnología avanzada, además de camisas, cachuchas. Artículos de los que después de recibirlos, como cinco, seis o más días -cuando él ya no estaba aquí- me enteré de que eran verdadera basura %$ # /&#, artículos que en su sano juicio nunca los habría comprado. Casi tres meses en tal estado: ¿quién podría vivir así? ¡El hombre pedía ayuda a gritos! Pero, no lo entendíamos.

El poema de Machado es bellísimo y válido en las diversas interpretaciones, que de él se hacen. Sin embargo, yo tengo una opinión diversa: No todo está determinado por nuestras decisiones y actos; el destino o la vida, a veces, nos juegan rudo, actúan en automático o independientes en nuestra contra, sin que hayamos contribuido con nada, a que así suceda.

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar", cierto... Mas, la enfermedad no causada por el mismo individuo, sino por desventuras de la vida, puede tomar las riendas de nuestro destino y derrumbarlo todo. Quiero entender lo inentendible e irracional... Quiero vivir, aunque esté muriendo; y aunque muera, quiero cambiar mi pasado desde el presente, para enmendar lo que hubiese arruinado. Solo así, puede decirse que soy el arquitecto de mi propio destino.

Voy con los ojos bien abiertos, mirando dónde piso, dónde pongo el zapato que calza mi pie. Y si con eso no se me tiene por precavido y sensato, nada sé -entonces- de lo que significa vivir: Musitaba por lo bajo, Juan, aquel hombre que se halló un día perdido entre el desierto y los matorrales ya casi secos, que paseaba de un lado a otro, movido por el viento árido y sin rumbo, que corría sin brújula ni intensión alguna.

"Hoy, ayer y mañana"

 Hoy seré invisible ante tu mirada.

Seré la luna mientras duermas,

las nubes que transportan

tus preciados sueños sublimes

en canoas de ilusiones febriles.

Y, en las noches de invierno...

Seré ese manto suave y terso

de estrellas titilantes 

que guardan tus mejores sueños

en cofres de oro y plata

cerrados con broche de diamante. 

Ayer viví para cuidarte.

Para señalarte el camino,

las veredas y las rutas mejores

que te habrían de llevar 

por camino seguro; fui ingenua,

fui ignorante e inmadura.

Me olvidé, que la vida

nunca funciona así:

tu destino es uno y el mío otro.

Sembré principios en tu espíritu...

Y, confiada en ello, te dejé elegir.

Los caminos a San Juan, 

no son los mismos que a Comala.

Por unos se va hacia el cielo;

Por el otro se llega al final

Al final de la tierra

que un día nos vio nacer

y otro, nos dejó partir.

Juan quiso visitar los lugares mágicos de Luvina, cuando el pueblo era un vergel, cuando la loma tenía vida y los chamacos padres de verdad. Pero se fue entreteniendo en el camino: los perros ladraban mucho... Y, las mujeres -envueltas en su chal- caminaban antes del amanecer, en busca de agua para llevar a su jacal. Iban como sombras replegadas a la cal de las paredes, que quedaban sin derrumbarse por completo, de algunos jacalones que otra hora fueran tendajos e iglesia; ellas sabían que nada más podían hacer. Y, que eso, recoger agua, ya era bastante... significaba la vida para sus hijos, para ellas y toda su familia. 

Mañana: es sinónimo de esperanza.

Tenemos que asirnos fuertemente

al futuro, al ayer que se fue, 

y al hoy que aún no acaba de ser.

Si deseamos vivir viviendo,

y no morir en vida.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.