La ambulancia, rápido

El nivel cultural y académico de los pueblos o países se puede medir por la forma en que sus ciudadanos hablan y escriben

Abrazos y besos virtuales

Olga de León G.

Desde hace algunas décadas, la comunicación a distancia me parece que se ha ido simplificando, o quizás complicando, o perdiendo el valor de lengua; pero, sin duda, se va haciendo cada vez más rápida y de fácil comprensión solo entre los usuarios de signos y señas digitales, a las que ha ido reduciéndose el intercambio de ideas o significación entre los usuarios, cualquiera que sea la distancia, eso no importa. 

A muchos les satisface usarlas, otros solo se adaptan, un poco por comodidad y otro tanto por ahorro de tiempo. Sin embargo, a la mayoría que gusta de la escritura tradicional, no solo no la usan, o la usan escasamente, sino que les parece inapropiado y una forma fácil de olvidar la buena escritura, se puede llegar a perder el uso correcto de la gramática y de la ortografía, por falta de práctica; y, eso en el caso de que la o las personas tuvieran buen manejo de su idioma y una aceptable ortografía, porque de no ser así, con mayor facilidad y prontitud dejarán de escribir correctamente.

Es irritante escuchar a quienes después de escribir mal, con múltiples errores, responden a quien les recrimina: "...pero, me entendiste, ¿verdad?", con toda la desfachatez que pueden.

Realmente, pienso que el nivel cultural y académico de los pueblos o países se puede medir por la forma en que sus ciudadanos hablan y escriben. Somos los estandartes del conocimiento de nuestras naciones.

¿Por qué es relevante saber leer y escribir con propiedad, claridad y exactitud? Por lo mismo que es imperativo entendernos cuando hablamos. La divulgación del conocimiento, de la ciencia, es el eslabón que acerca el desarrollo y los avances científicos a quienes no son especialistas, pero tienen a su favor que saben leer y escribir, por lo que pueden entender al divulgador de la ciencia, a ese puente que tienden entre el experto y el público lego, gracias al conocimiento de la lengua y a la lógica de toda explicación que verdaderamente pretende comunicar, hacer que se entienda lo que de no ser por los expertos divulgadores, estaría fuera del alcance del público lego y, no obstante, un público ávido de crecer. 

Naturalmente, cuando hablo de leer y escribir, me refiero a los jóvenes y adultos que ya pueden hacerlo de la mejor forma posible, una que deje ver su nivel de educación familiar y social, académico y profesional. Porque hacerlo medianamente bien o con algunos titubeos o errores gramaticales y ortográficos cualquiera puede hacerlo... pero, mejorará si se lo propone; si tiene interés en entender cualquier texto que lea. Porque, de otra forma, como decía Alejandro Rossi (palabras más, palabras menos): "Leer mal un texto es la cosa más fácil del mundo; la condición indispensable es no ser analfabeta".

Solía exhortar a mis alumnos de la Facultad de Economía, en mis últimos años como docente universitaria, a que leyeran algunos textos de Alejandro Rossi.

Pero no solo a él, también los textos de Los Grandes Escritores, como la novela Pedro Páramo y todos los cuentos de Juan Rulfo en El llano en llamas; o a Edgar Allan Poe, bien traducido. De María Luisa Bombal: El árbol y otras selecciones de Carlos Fuentes, entre otros que ahora es necesario mencionar, y que deberían leer durante el semestre. 

Leer textos bien escritos y lecturas creativas o literarias son un primer requisito para mejorar la escritura propia. El vocabulario se enriquece leyendo; los diccionarios son una herramienta auxiliar para aquellos términos que desconocemos o que queremos confirmar su significado, pero de solo consultar diccionarios no se aprende, es necesario usar esas palabras en enunciados, en forma oral y en textos escritos.

Los grandes economistas, los padres de la Economía moderna, como Adam Smith, no solo fueron excelentes por el contenido de sus teorías, sino porque pudieron escribirlas, transmitir conocimiento a través de una excelente escritura. Hacía cuanto podía para lograr que mis alumnos se convencieran de lo importante que es saber hablar en público y escribir textos académicos como ensayos, tesinas y tesis, entre varios más, pretendía convencerlos de lo importante que era mi clase, y no solo las de la especialidad, como matemáticas, cálculo, entre otras. Enseñar a Leer, hablar en público y escribir bien textos académicos y profesionales, no es tarea sencilla, pero sí muy poco valorada y estimada en su totalidad. 

Confié con entrega y pasión por lo que hacía, en haber logrado sembrar el amor por nuestra hermosa lengua en algunos alumnos, y que hoy recuerden algunas de mis enseñanzas, cada vez que tienen que escribir o pronunciarse oralmente ante cualquier público. Eso es lo que más feliz me hace y, para serlo, me basta con imaginarlo, aunque no suceda... En fin, soy escritora de textos creativos, y la imaginación como la ficción son mis elementos preferidos.

La venganza atónita

Carlos A. Ponzio de León

Mi sueño de ser el más grande presidente que haya tenido mi país se hizo añicos en cuestión de días. Dios mismo lo destruyó. Trabajé arduamente durante décadas para enriquecerme, para ser un hombre de valor, para llegar a la presidencia. Tuve ventajas; las aproveché, lo sé. Conozco la mente promedio de mi país, pero yo tuve el dinero y las agallas de un hombre valiente, quizás hasta la astucia de uno de los hombres más perversos de mi generación. Aproveché el talento de otros como herramienta para mis objetivos. Eso y mucho más. Le saqué ventaja a lo que la vida y Dios me pusieron en frente. Llegué a conocer, parcialmente, los hilos que manipulan el mundo, aunque nunca pude conocerlos a la perfección. Hubo maldad en mí, también lo reconozco. Parado hoy frente a mi final, lo confieso ante el mundo, para que mis pecados no recaigan en mis hijos, ni en mi descendencia hasta la cuarta generación. Confieso a través de la voz de Jesucristo, Hijo Único de Dios, en quien hasta ahora creo.

Ave María Purísima. (Sin Pecado Concebida). Bendíceme, Padre, porque he pecado. Confieso que: como hombre de negocios, corrompí a 150 jueces, principalmente federales, y extorsioné a 50 más. El 50 por ciento de mi fortuna es resultado de corrupción y un 25 por ciento adicional fue producto de actividades criminales de otro tipo: a saber: delitos financieros y del fuero común, como robo de propiedad intelectual e industrial, entre otros.

Violé y golpeé a mi esposa, madre de mis hijos, en siete ocasiones. En la última de las cuales, la apuñalé en dos ocasiones en la pierna. Ella conserva la marca de esas heridas. Tuve que pagar una multa al hospital y corromper al personal para que omitieran el reporte del caso a la autoridad.

Fui encontrado culpable de haber violado a una mujer adulta, lo cual es cierto. Violé también a tres adolescentes, de 14, 16 y 17 años, a una de las cuales hubo que internarla en un hospital por heridas en sus partes nobles.

Traté de seducir a mi hija siendo adolescente. En tres ocasiones me desnudé frente a ella mientras dormía, y en una de ellas acerqué mi pene a su boca, hasta que lo rozaron sus labios. Me masturbé frente a ella. No sé si en algún momento despertó.

Maldije al Hijo de Dios cuando descubrió ante mí la verdad sobre mi destino y llené de furia cuando me recordó el tipo de pactos secretos a los que me sometí en mi adultez joven.

No comprendo por qué recibí este tipo de vida, si puse en riesgo mi propia sobrevivencia y muchísimos millones, (aunque ambas cosas redituaron al final de cuentas en mi beneficio personal).

Sé cómo hacer dinero, porque en mi experiencia, las reglas del dinero no siguen las leyes constitucionales. Beneficié a mis amigos con movimientos de baja y alza de las acciones sin haber sido consciente de ello. Pero con plena consciencia, he cometido delitos del uso de la fuerza, usurpación de funciones, cohecho, y he obligado a otros funcionarios públicos a perseguir penalmente a mis adversarios políticos. Desde mi punto de vista, cada uno deberá ser castigado conforme a lo que le corresponde en la parte de ellos, sin que yo reciba mayor castigo: más de lo que me corresponde.

Traicioné amistades y traicioné a mis hijos y familia. Por dinero actué, conscientemente, conforme a lo que NO era la voluntad de Dios, sabiendo que actuaba CONTRA su PETICIÓN. El dinero fue lo único que estuvo detrás de esas decisiones.

Soy responsable en parte del genocidio en Gaza, por lo que corresponde a las muertes en mi mandato. Soy responsable de muertes de inocentes en conflictos en los que estuvo involucrado mi país, en cuanto que supe que eran personas inocentes las que morían.

A mi favor debo decir que tengo una urgente necesidad por sentir que la gente me ama. Nunca acudí a terapia a pesar de haber sido aconsejado de ello. Los delitos que he cometido por los problemas emocionales que padezco, son mi responsabilidad en tanto que no atendí mi padecimiento emocional.

Entiendo el daño que me hice creyendo que iba triunfando por la vida acumulando dinero y poder. Pido que este conocimiento sea una herencia para mis hijos. Perdí la razón; pero he alcanzado ahora sabiduría.

Estos son todos los pecados capitales que he cometido, de los cuales me arrepiento de corazón. (El Señor te muestra su misericordia y te concede su perdón y la paz). 

Soy llamado a rendir cuentas ante Dios, quien dispone de mi carne, mi sangre y mi espíritu, conforme fue estipulado desde mi nacimiento en las Sagradas Escrituras. Venga tu Reino.