El Todo PoderoSo

50 aniversario de la Normal Olga de León González.

50 aniversario de la Normal

Olga de León González.

Sean todos bienvenidos a esta Celebración del "50 Aniversario" de la tercera generación de normalistas egresados de la Escuela "Normal Nuevo León y Preparatoria presidente Don Benito Juárez" que, si no me equivoco, es el nombre completo de esta institución, fundada y dirigida por los profesores: Manuel Yáñez, director; Manuel Nava, secretario, y por el insigne Profesor Humberto Ramos Lozano. 

Hoy tengo el privilegio de dirigir unas palabras a todos los que entonces fueron estudiantes y aprendieron en esos años a amar la profesión, el oficio y el arte de enseñar. Y lo aprendieron, sí, en las clases con sus maestros, pero especialmente de los libros y el ejemplo en la vivencia de sus docentes. Porque sabíamos que nuestra labor debía ser de gran calidad, fue que sembramos con mucho amor y pasión; pero también con rigor y apego a la verdad y la justicia; con responsabilidad y disciplina en los actos, sin dejar de lado una buena dosis de sensibilidad y humanidad, cuando las circunstancias lo exigían.

  Ahora, en estos últimos años, suelo escuchar que antes era mejor la educación que se recibía a la de ahora. De lo cual, me permito diferir: pues veo excelentes maestros en los que fueron nuestros alumnos, algunos quizá mejores, como que es lo natural, que algunas nuevas generaciones superen a quienes les antecedieron. No. No existe un mejor o peor, antes o después. Lo que hay son diferentes circunstancias y nuevas técnicas y tecnología moderna, como auxiliares en esta noble profesión de enseñar. 

Tengo conciencia de que llevo varios minutos hablando y, siento que no logro entrar en materia; no alcanzo a decir todo lo que quiero dejar para su memoria y su reflexión. Sin embargo, solicité me hicieran el favor de enviar algunos recuerdos, anécdotas o vivencias a quienes fueron mis alumnos, justo para ayudarme en este propósito de motivarlos a continuar en su desempeño en la vida, sea como profesor, padre, abuelo o simplemente como persona en convivencia con otros. También estoy aquí, para agradecer la invitación a ser partícipe de este importante evento para todos los involucrados: ¡50 años!, son toda una vida!; y ustedes la vivieron y hoy lo celebran.  

Me llenaron de nostalgia y alegría sus recuerdos, pues fueron especialmente lindas sus palabras, y en cuanto las leí, reviví los momentos y me transporté con la imaginación a esos años, incluso a cada salón en donde lo vivimos. Gracias a todos, incluiré algunas anécdotas como ejemplo de nuestra historia en común:

Dora Elia Tamez de León escribió: "Tengo presente que siempre tomaba lista y en una ocasión, se le cayó el registro y ella siguió tomando la asistencia: se sabía de memoria toda la lista y, en orden: tenía muy buena memoria y era también muy buena maestra".

Por su parte, Bertha Alicia Véliz González, comenta: "Recuerdo que en cierta ocasión nos iba a poner un examen, y un compañero llegó temprano y llenó el pizarrón con letras estilo pandillero, con las respuestas probables del examen, medio escondidas. Cuando la maestra llegó, vio el pizarrón, borró todo y solo nos dijo: "yo también fui estudiante".

María de Jesús Vázquez Díaz, escribió: "Lo que yo recuerdo es que a esas materias les hacía "el fuchi". Así que cuando entró al salón por primera vez, y la vi tan joven en comparación con el resto de nuestros maestros, me apresuré a juzgarla, y dije quedito: "...y esas materias, ¿nos las va a dar ella? Mas, cuál fue nuestra sorpresa -para todos- que hoy la recordamos como una gran maestra. Antes, yo no le veía ni pies ni cabeza a esas materias: las tenía por sosas y aburridas... Pero, me llegaron a gustar tanto, que lo nunca soñado: saqué un 90".

Hasta aquí dejo los recuerdos y anécdotas que me cuentan mis queridos exalumnos. Solo he de añadir que otros hablan de mi responsabilidad y de que por lo general no faltaba, a menos que me enfermara. Pues, ustedes, no lo sabían; pero -para mí- asistir a dar clase era un oasis y un espacio de regocijo y alegría dentro de la dureza y dolor que el destino nos infringió por esos años a mis hermanos y a mí. Viví muy duros años tras la muerte de nuestro padre (1970) y a los cuatro años, la de nuestra madre (1974), siendo la mayor de seis hijos, sentía que la responsabilidad a ratos me quebraba...

Mi sensibilidad estaba a flor de piel. A ustedes, los veía tan necesitados de conocimientos, cultura y amor, que no podía hacer otra cosa que brindarles lo mejor de mí: me entregaba en cada clase como si la vida me fuese en ello.

Fui la más afortunada al dar clases: los amé y los amo, hayan sido mis alumnos, o no. Y, no hay Institución educativa que me haya dado tanto, como la "Normal Nuevo León" y la "Preparatoria presidente don Benito Juárez", sus autoridades y sus estudiantes. Nunca olviden su identidad: se graduaron de una muy digna profesión. 50 años se dicen fácil, pero son toda una vida: sobre sus hombros han estado la realidad y la esperanza de México. No claudiquen, sigan leyendo y aprendiendo de los libros y de la vida, ese sueño que un día nos abandonará, pero mientras dure, ¡disfrútenlo!