Destaca UANL euforia del manteo en el Mundial 2026

Esta dinámica, que se ha vuelto una constante en la convivencia entre locales y visitantes, representa una evolución en las formas de celebrar.

La Copa del Mundo 2026 ha dejado postales que quedarán grabadas en la memoria colectiva, pero más allá de los goles y las jugadas maestras, una particular costumbre mexicana ha capturado la atención global. Con el grito rítmico de "quiere volar, quiere volar", aficionados de diversas latitudes —desde coreanos y neerlandeses hasta marroquíes y españoles— han sido elevados por los aires en plazas, estadios y Fan Fest, convirtiendo al manteo en el lenguaje universal de la hospitalidad mexicana.

Esta dinámica, que se ha vuelto una constante en la convivencia entre locales y visitantes, representa una evolución en las formas de celebrar. Lo que comenzó como una expresión festiva en entornos locales, hoy se proyecta como una forma de integración donde el idioma pasa a segundo plano ante la emoción compartida.

"Al final del día buscamos conectar con el otro, muchas veces no compartimos el idioma, pero sí compartimos la emoción del momento, el manteo se convierte en una forma de integrar a quien está a nuestro lado y hacerlo sentir parte de la fiesta", señaló el sociólogo de la UANL.

El sociólogo Gabriel Domizzi Esparza Regino, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, subraya que estas interacciones fortalecen lazos entre desconocidos.

A través de la viralización en redes sociales, el fenómeno ha permitido que la calidez del anfitrión mexicano llegue a cada rincón del planeta, reafirmando una identidad que desde 1986 ha estado ligada a la apertura y la alegría. La práctica no distingue edad ni condición física: desde jóvenes hasta adultos mayores y personas en sillas de ruedas han sido parte de este ritual.

"Es la manera de estar conectando con la gente, de hacer los partícipes de algo, al final del día hay muchas barreras socialmente hablando, desde el lenguaje que para una persona, va a ser muy complejo, pero de alguna otra manera los invitas a que se sienta parte", mencionó el sociólogo.

Este comportamiento colectivo no solo es un fenómeno social, sino un puente cultural. El académico resalta que el evento deportivo es una plataforma donde se revalida la imagen histórica de México como un país festivo, un imaginario que cuarenta años después de la justa del 86, cobra nueva fuerza. No obstante, el especialista enfatiza que, ante la euforia, la prudencia es fundamental para garantizar que la convivencia sea plena.

"Una buena fiesta es aquella que termina cuando todos regresan sanos y salvos a casa. Hay que disfrutar una experiencia única como un Mundial, pero siempre cuidándonos y respetando a los demás", concluyó.

"México históricamente ha sido visto como un país festivo y abierto, este tipo de expresiones ayudan a reforzar esa percepción y hacen que visitantes de diferentes partes del mundo se sientan incluidos en la celebración", concluyó.