CIUDAD DE MÉXICO, febrero 14 (EL UNIVERSAL).- Hasta cuando hay sismos, comerse un bolillo resulta reconfortante. Y es que este pan es tan versátil, de buen sabor y económico que puede consumirse en cualquier momento del día.
En 2025, la Universidad Anáhuac propuso nombrarlo "Patrimonio Gastronómico Vivo de la CDMX" por su valor histórico y cultural. Esta solicitud aún no tiene resolución, pero es un hecho que ha acompañado a los mexicanos aproximadamente desde 1860.
Comerlo es todo un placer, ya sea en platillos como las tortas ahogadas o en postres como la capirotada. Sin embargo, es importante tener en cuenta su valor nutricional porque, por algunos de sus ingredientes, podría no ser tan saludable comparado con otros panes.
¿Qué tan saludable es comer bolillo?
Se cree que el bolillo es un producto obtenido de la fusión de la cocina francesa y mexicana. En el Siglo XIX, este alimento era vendido por el panadero Camille Pirotte, perteneciente a la corte de Maximiliano de Habsburgo.
En un principio, su forma era semejante al baguette, pero los expertos indican que en textura habría sido adaptado como el birote y de aquí mismo habría tomado su nombre, en referencia a Pirotte. De hecho, así se le conoce en algunas regiones del país, principalmente de Jalisco.
Aunque su forma y textura cambió con el paso del tiempo, siempre ha conservado la misma base de ingredientes: harina, manteca o aceite, levadura, sal y agua. Al ser pocos elementos, el bolillo podría no tener un valor nutrimental destacado.
Según datos del Sistema Digital de Alimentos, una pieza de 80 g se compone en un 70% (45 g) de carbohidratos, 16% (5 g) de lípidos y sólo el 13% (9) de proteínas.
Como podrás ver, más de la mitad de su composición son carbohidratos, que consumo en exceso podría ocasionar problemas como metabolismo lento, inflamación, malestar estomacal y sensación de cansancio.
Es verdad que contiene nutrientes esenciales, aunque en menor cantidad. Por ejemplo, el sistema indica que dicha porción aporta 1 mg de vitamina A y B1, 4 mg de vitamina, 56 mcg de vitamina B9 y 9 mg de vitamina K.
El aporte de minerales es más elevado que las vitaminas. Por ejemplo, una pieza tiene alrededor de 33 mg de calcio, 89 mg de fósforo, 105 mg de potasio, 24 mg de magnesio, 31 mcg de selenio, y 405 mg de sodio.
El segundo indicador con el que se debe tener cuidado es el sodio; este mineral es indispensable para mantener el equilibrio de los líquidos corporales, y el correcto funcionamiento de los nervios. No obstante, en exceso incrementa la presión arterial, retención de líquidos, enfermedades renales y cardiovasculares.
Debido a su bajo aporte de nutrientes de calidad y de su contenido elevado de carbohidratos y sodio, comer bolillos sin moderación podría ser perjudicial para la salud.
¿Es posible consumir bolillos sin afectar la salud?
La respuesta es sí, pero siempre con moderación y añadiéndole ingredientes con calidad nutrimental. Por ejemplo, hay quienes sustituyen la harina de trigo por integrales o de granos enteros, entre ellos, centeno, avena o garbanzo.
Los anteriores cereales son ricos en hierro, fibra, proteínas y, en su mayoría, libres de gluten. Ello no sólo beneficia a la salud, sino que permite que sean digeridos fácilmente, ofrecen mayor saciedad y un índice glucémico bajo.
Aunque menos populares, los bolillos elaborados con este tipo de harinas pueden ser saludables incluso para personas con enfermedad celiaca, diabetes y otros trastornos del sistema digestivos.
Otro consejo, además de preparar versiones con ingredientes de valor nutricional, es moderar las porciones. La Guía de Alimentos para la Población Mexicana, publicada por la Secretaría de Salud, recomienda consumir 1/2 pieza al día.
Y también es importante comerlo como parte de una dieta balanceada: alimentos ricos en fibra, proteínas magras y vegetales. Además de retirarle el migajón, evita acompañarlo con azúcar y productos lácteos con grasa, como la mantequilla y la nata.
Es importante tener en cuenta su valor nutricional.
Cuáles son los nutrientes y calorías del bolillo
Es importante tener en cuenta su valor nutricional.