Al señalar que la Eucaristía es sinónimo de agradecimiento, el Arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, presidió Misa de la Cena del Señor en la Catedral de Monterrey.
Durante su sermón, Cabrera López, agradeció a los médicos por su ardua labor durante la pandemia, lo cual llevó a poder ser partícipes de manera presencial las celebraciones de semana.
Como parte de la homilía y representando el pasaje bíblico donde Jesús lava los pies a los 12 apóstoles, Cabrera López lavó los pies a 12 médicos.
"Con esta celebración iniciamos el tiempo de la pascua, esta misa se llama la de cena del señor, que recuerda aquella cena profética, cuando Jesús antes de su pasión, de su muerte y resurrección se reunió con los apóstoles y comió con ellos, anunciando en un ambiente de banquete lo que estaba por venir", mencionó Cabrera López.
Cabrera López, invitó a los fieles católicos a agredecer el amor, el dolor, las dificultades, pero sobre todo agradecer las cosas buenas que tiene la vida.
"La eucaristía siempre siempre presenta ese doble rostro de la vida humana, el dolor y la alegría, la vida y la muerte, nadie nos escapamos a esas realidades", puntualizó.
Monseñor Cabrera López subrayó que la Iglesia brota de la Eucaristía, Jesús instituye la Iglesia y la Eucaristía, una a otra se corresponden. No hay Iglesia sin Eucaristía y no hay Eucaristía sin comunidad, sin Iglesia.
“Porque la Eucaristía es la expresión del amor y la Iglesia tiene que vivir el amor. Nadie ama solo. Nadie está solo. El Señor nos llama a vivir en familia, a vivir en comunidad”, dijo.
“Pero hoy el Señor nos dice que este amor que funda la Iglesia, que regala el Espíritu Santo es un amor mutuo, podría decir que la Iglesia es una mutualidad, en la que uno ama y es amado. En la que uno lava los pies, pero también le lavan a uno los pies”, subrayó.
Horas antes el Arzobispo de Monterrey, acudió a las instalaciones del Centro de Reinserción Social No. 3 en Cadereyta, para realizar el lavatorio de pies a los reos de dicho lugar, ahí les mencionó que ma Eucaristía es el gran regalo que Cristo le ha otorgado al hombre.
"En el Triduo Pascual, comencé las celebraciones en el Centro de Rehabilitación Social, en el Municipio de Cadereyta, donde celebré la Última Cena del Señor, lavando los pies como lo hizo Jesús y compartiendo el pan", dijo.