Opinion Columna


¿Río revuelto o pasto seco?


Autor: Alberto Aziz Nassif | Publicacion:11-01-2017
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En tiempos de crisis una tecnocracia insensible puede prender el pasto seco. Pero cuidado, porque abonar a la descomposición social del río revuelto

 

Una buena metáfora es la del río revuelto, en donde se juntan las protestas de transportistas que bloquean carreteras, grupos de personas que cercan gasolineras, personas que roban en una tienda de autoservicio, grupos organizados que sacan mercancía y la sube a sus vehículos, hasta un grupo de policías que fue captado por una cámara cuando metía productos robados en la cajuela de una patrulla. ¿Ante qué tipo de fenómeno estamos? ¿Es el inicio de una grave descomposición social? ¿Es una fase temporal que pasará pronto y regresaremos a la “normalidad”?


Después del enojo inicial por el gasolinazo llegó el saqueo. De forma sospechosa, no podía ser de otra manera en México, las imágenes de los saqueos parecen estar completamente organizadas. Esas secuencias de personas que llevan pantallas, electrodomésticos, incluso refrigeradores, como si fuera el Buen Fin, pero sin pagar, resulta impactante. Quedan en la memoria los actos de violencia que se cometieron en el Palacio de Gobierno en Monterrey.


Estos brotes de violencia pueden ser peligrosos, se sabe más o menos cómo inician, pero no cuándo terminan. Es grave juntar la protesta social auténtica con la provocación para construir un clima de zozobra, como se hizo con los miles de mensajes falsos en redes sociales. Una parte de los acontecimientos de estos días, saqueos y robos, están completamente organizados por grupos con interés en generar un clima de descomposición social. Puede haber diferentes objetivos para ese afán, desde la justificación de la mano dura, hasta presiones internas para lograr objetivos particulares. Río revuelto.


¿Cómo explicar la reacción popular frente al gasolinazo? Otra buena metáfora es la del pasto seco. No se puede desconocer que hay una parte auténtica de molestia y enojo social, muy legítimos. Pasto seco. Poco a poco llegamos a un gran desencanto por las promesas incumplidas, por los engaños gubernamentales y la simulación de un sistema que cada vez representa menos los intereses generales del país. Así, entramos a la desconfianza en la autoridad, a la dolorosa comprobación de que la impartición de justicia es una selva de burocracia y corrupción. La molestia se fue incrementando a medida que los ejemplos de la corrupción pública, muy bien representados en un numeroso grupo de gobernadores, líderes sindicales y legisladores, se han multiplicado. La molestia pasa también por el inquilino de Los Pinos y su casa blanca, por el juego de poner a su amiguito para simular un caso y concluir que Peña Nieto no había cometido ningún conflicto de interés. Pero no hemos parado. Sigue pendiente el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa que está blindado desde la cima del poder para mantener en la impunidad a los responsables.


Llegamos a la época de fin de año y los excesos de la clase política en el robo disfrazado de los recursos públicos se hicieron visibles bajo el envoltorio de bonos, aguinaldos jugosos y megasueldos. ¿Por qué habrá mal humor social? Será por la comprobación cotidiana de que la representación política de la República está completamente secuestrada por una clase política incapaz de conectarse con sus representados. Por una gavilla de burócratas delincuentes, algunos prófugos, otros protegidos por la impunidad de sus socios que abusan de los recursos públicos. En este contexto llegó la noticia del gasolinazo y empezó la fase de descomposición social, donde se quiere confundir protesta con vandalismo.


Durante los primeros días del gasolinazo Peña Nieto estaba de vacaciones y se dedicaba a jugar golf. Luego llegó el cambio en el gabinete, que fue motivo para hacer chistes sobre Videgaray, que se presentó como el aprendiz de las relaciones internacionales. Después vino la estrategia para justificar la pésima decisión, una mezcla de realismo con responsabilidad para los mercados y la administración anterior, que por cierto tiene al mismo secretario de Hacienda. Ahora vendrá un impotente programa de ayuda popular.


En tiempos de crisis una tecnocracia insensible puede prender el pasto seco. Pero cuidado, porque abonar a la descomposición social del río revuelto para justificar mano dura, es un juego muy peligroso…



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