Opinion Editorial


Y la culpa no era, ni es, ni será, mía…

Nelly Cepeda González


Autor: Nelly Cepeda González | Publicacion:09-12-2019
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En menos de un mes el himno feminista “Un violador en tu camino” ha traspasado las fronteras de Chile para ser coreada -junto con su escenografía- y vivida por miles de mujeres alrededor del mundo.

Lo que nació como parte de un performance del grupo teatral “La tesis” ha tenido eco en diferentes idiomas; se trata de una letra sencilla, pegajosa y que dice la verdad, sólo la verdad, una verdad con la que se han identificado lo mismo niñas, mujeres y damas senior.

Aún sin estar en orden la letra, este canto reza más o menos así: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía /el patriarcado es un juez que nos juzga por nacer y nuestro castigo es la violencia que ya ves/ El estado opresor es un macho violador/ Es feminicidio, impunidad para el asesino, es la desaparición, es la violación/ El violador eres tu”.

Dice la Organización de las Naciones Unidas que una de cada tres mujeres ha sido víctima de violación, abuso o violencia y este fenómeno se da sobretodo en Latinoamérica.

Chile, que aún guarda entre las sombras la herida de la dictadura a manos de Augusto Pinochet, sólo fue el parteaguas de algo que no tardaba en estallar, pues bien pudo explotar lo mismo en Colombia, que en México, Perú, Turquía o Francia.

Y es que más allá de coincidir en un idioma, la violencia se vive, se siente, se traga, se sufre. El himno “Un violador en tu camino”, se hizo “oficial” apenas el 25 de noviembre con motivo del Día Internacional de la Erradicación de la Violencia y ese mismo día desató furor al grado que la liga feminista de CDMX se desbordó y dañó el Hemiciclo a Juárez y más recientemente, otras feministas quemaron libros en la FIL de Guadalajara.

Sin defender o justificar este vandalismo, lo que me queda claro es que el hartazgo tiene un precio.

Partiendo de que el feminismo es un conjunto de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales que buscan la reivindicar los derechos de las mujeres, hay que reconocer su aportación a la vida de la sociedad, como alcanzar el voto para la mujer, la igualdad ante la ley, o tomar decisiones sobre su cuerpo.

La mujer no es la misma, ni quiere serlo. Quiere empoderarse, crecer, actuar ¿por qué habría de conformarse con estar en casa limpiando, dando de comer y cuidando a los hijos cuando un potencial mundo le espera afuera?

Desgraciadamente el patriarcado en que nuestras antecesoras vivieron y cuyo patrón quizá repitan otras tantas sea lo que haya favorecido tantos atropellos, pero el éxito del himno feminista estriba en que las mujeres están cansadas de callar y ahora saben que no están solas.

Esto apenas comienza; así nació el movimiento estudiantil de la década de los 60, los movimientos que dieron fin a la esclavitud, a la opresión laboral.

Todos tienen algo en común: la sordera institucional y social.

Y cuando digo que llegó el momento de que las mujeres se hagan fuertes unas a las otras, no lo digo como un modo de arengar a la turba, pues sé que participe o no de estas marchas, su voz será cada vez más fuerte.

No habría una sola Abril más a la cual llorar si la autoridad fuera eficiente en su trabajo, si la justicia no minimizara cada denuncia haciendo preguntas estúpidas como la vestimenta de la mujer en cuestión al momento de un ataque; si se trabajara de verdad para que el machismo a ultranza o el patriarcado simulado sea cosa del pasado.

Y muy particularmente si cada mujer, sea cual fuere su edad, se mirara con amor al espejo y se creyera lo hermosa y valiosa que es.

Comentarios: nelly.cepedagzz@gmail.com

 



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