Opinion Columna


Lo atípico de todos los días

Camilo Ramírez Garza


Autor: Camilo Ramírez Garza | Publicacion:11-09-2019
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Jorge Forbes

En 1901 Sigmund Freud publicó su texto Psicopatología de la vida cotidiana: sobre el olvido, los deslices en el habla, el trastocar las cosas confundido, la superstición y el error) en el cual abordó los detalles aparentemente más banales de la existencia humana, mostrando que cada uno de ellos posee, para quien lo “padece” en el día a día, un sentido, una verdad cifrada que apunta hacia algo fundamental de su existencia. Por lo tanto, estudiar esas aparentemente minucias hasta antes sin tanta importancia (lapsus, esos olvidos, esos errores…) permitirá amplificar -con ciertos límites por supuesto- el conocimiento de sí. Sin embargo, a pesar de que aún algo de esa forma de investigar y dar con esa verdad se sigue empleando, ese mundo de 1901 ya no existe más. Si bien las relaciones entre las personas se basaban en principios aparentemente fijos, estables (padre en la familia, jefe en la empresa, gobernador en la patria, etc.); es decir, se operaba con el supuesto que podía existir una sola verdad sobre lo que los humanos somos, nuestro cuerpo y nuestra mente, de ahí la idea de poder llegar un día a la verdad sobre sí mismos y el mundo; esa atmósfera aún no conocía el psicoanálisis en sus últimos desarrollos, ni la deconstrucción de todos los valores en los que se basaba el siglo XX, que sucedería sobre todo en su segunda mitad. Por lo que fue necesario modificar las prácticas precisamente porque el contexto histórico cambió.


Al final del siglo XX asistimos a un camio de época: pasamos del final de la sociedad industrializada a la sociedad de la comunicación; de la organización entorno a lugares con referente aparentemente estables y fijos, como lo era en aquellos tiempos el padre en la familia, el jefe en la empresa, la patria en lo social, la razón para la ciencia, a las sociedades en red, horizontales, diversa y creativas, con múltiples y variados referentes. Contexto al que el psicoanalista Jorge Forbes ha llamado Tierra Dos, para trabajar más claramente el concepto académico de postmodernidad. Que más que plantearlo como un defecto o pérdida lamentable de referentes -como puede leerse en algunos pensadores, por ejemplo, Bauman con su lectura del mundo entorno a lo “líquido” (modernidad, miedo, amor…) de la postmodernidad -que fascina a quienes desean retornar al pasado, una especie de nostalgia de la disciplina, la moral, incluso de la dictadura- que pareciera que sólo anuncian desgracias sin dar muchas opciones, predominando más una suerte de reivindicación de viejos parámetros y moralidades; una reacción muy frecuente tomada por instituciones, gobiernos y personas: volvamos al pasado, como única solución ante la multiplicidad de posibilidades. Jorge Forbes propone una lectura del mundo actual llena de posibilidades y soluciones creativas, más que de profecías anuncia desgracias, articulando el psicoanálisis lacaniano, sobre todo la última enseñanza de Jacques Lacan, su 2ª clínica o clínica de lo Real, con la ingeniería genética, la reproducción asistida, la necesaria reformulación de las lógicas de la educación, el derecho, el ejercicio del gobierno, las empresas, la medicina, etc.


Precisamente porque el lazo social en el que vivimos actualmente (Tierra Dos) al no estar ya basado en un solo referente hegemónico (Cosmos, Dios, Razón) como en épocas pasadas, es que se pueden legitimar muy diferentes y singulares estilos de vida.


Ahí es donde entra lo atípico de todos los días. ¿Por qué atípico de todos los días? Porque precisamente ya ha quedado atrás la época -sobre todo del siglo XX- donde existía una normalidad -estadística, moral, educativa, religiosa, de salud pública, psicológica- que funcionaba como referente único para evaluar y organizar las conductas, los pensamientos, los afectos, la familia, la escuela, la empresa y la patria. La cual, en tanto norma, hacía que automáticamente surgiera lo atípico como algunos casos de variaciones de lo considerado como normal/sano/bueno. Al romperse ese patrón único, es que devino lo atípico como constante de las mayorías. Pudiéndose constatar en diversos ámbitos y contextos, desde una medicina que se tiene que replantear el ejercicio de su profesión, pues la forma antigua de pensar la medicina, el diagnóstico, el tratamiento y la cura, no funciona como “Software” para leer las “aplicaciones” nuevas, de estos cuerpos de hombres y mujeres mutantes de estos tiempos; sus prácticas, sus condiciones de vida; y que no decir de la forma de educar y evaluar en las escuelas; las maneras de pensar la administración y la economía, las formas de hacer negocios.


Todas estas transformaciones pueden desorientar a las personas y profesionales de diversos campos que basaban su trabajo y acción en nociones estables y uniformes, no sabiendo convivir creativamente con las variaciones de las singularidades y sus diferencias, más cercanas a las características de estos tiempos que vivimos. Tiempos de transformación que como pueden generar más angustia por la misma pérdida de referentes fijos, también al mismo tiempo son pivote de creatividad e invención responsables.

camilormz@gmail.com



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