Opinion Editorial


Educación y seguridad

Nelly Cepeda González


Autor: Nelly Cepeda González | Publicacion:26-08-2019
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Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa que se puede utilizar para cambiar el mundo y que la educación representa el gran motor del desarrollo personal.

El premio nobel de Paz decía también que “es a través de la educación que la hija de un campesino puede llegar a ser médico, que el hijo de un minero puede llegar a ser cabeza de la mina, que el descendiente de unos labriegos puede llegar a ser el presidente de una gran nación”.

Según la Organización de las Naciones Unidas, la educación es un derecho de todo hombre y mujer pues nos brinda las capacidades y conocimientos “para convertirnos en ciudadanos empoderados, capaces de adaptarse al cambio y contribuir a la sociedad”.

Además, la educación además está protegida en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y reconocida como uno de los cinco derechos culturales básicos; está garantizada además en nuestra Carta Magna.

La mayoría de los presupuestos estatales y federales están encaminados al área educativa y sin embargo, pareciera que nunca es suficiente para atender la demanda y las necesidades de la enseñanza y que quienes lideran el sector les falta la visión completa para atender las necesidades de la enseñanza.

Hoy, 1 millón 59 mil alumnos de Nuevo León que estudian en 6,263 escuelas de nivel básico público y privado, inician el ciclo escolar 2019-2020 y como cada año y por inverosímil que parezca, resulta que no hay suficientes aulas para todos ellos.

En todo el año escolar que concluyó, el gobierno independiente no tuvo o no quiso darse el tiempo de ir proyectando las aulas móviles que requería para el ciclo que inicia y espera hasta el último momento para lanzar la convocatoria confiando que lleguen,  aunque sea tres meses después de iniciadas las clases.

Pero no es la única pifia de las huestes educativas. La cultura también forma parte de la educación pues la inculcarles el amor por alguna disciplina, bien pintura, deporte, manualidades o música, aleja a los menores de cualquier conducta antisocial

Y resulta que se tienen que cancelar torneos, sinfónicas, grupos de folklor y talleres artísticos por falta de maestros que la secretaría de Educación canceló, argumentando que no los puede costear.

Súmele usted que a las autoridades de Seguridad Pública les importa muy, pero muy poco, que los planteles educativos sean saqueados por amantes de lo ajeno, ya que “hay otras prioridades”.

Pobres niños y niñas. Pobres maestros que no encuentran eco en las autoridades. Pobres padres de familia que una y otra vez deben hacer rifas, kermeses y vendimias para poder comprar el clima, la copiadora, los útiles, libros o cualquier cosa que haga falta, ya que nadie parece estar dispuesto a tender la mano.

“No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en que trata a sus niños. Sin educación, los niños no pueden encarar los desafíos con los que se encontraran”, decía Mandela.

Si la educación es la última de las prioridades para el Estado, no se vale luego sorprender por el creciente número de pandillas, por el vandalismo, por el narco menudeo. La seguridad no es sólo cuestión de pistolas, patrullas y policías. Se puede trabajar de manera preventiva en la seguridad desde el rubro educativo.

Así tendremos un entorno seguro, pero también ciudadanos educados y un país con un grado cada vez mayor, de desarrollo.

Comentarios: nelly.cepedagzz@gmail.com

 



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