Opinion Columna


La gran decepción: Judith Díaz

Arnulfo Vigil


Autor: Arnulfo Vigil | Publicacion:12-07-2019
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La pérdida de ideología, la ambición individual sobre la colectividad, lo nefando sobre lo preclaro, la avaricia sobre la pobreza franciscana, la ronda en los lindes de la corrupción, la opción preferencial por el tufo acre de la mezquindad a la aurora maravillosa de un nuevo amanecer, son la causa –no el efecto- del desastre político que ha convertido al país y al estado en migas sin sabor.


Llegar a un cargo, como sea, “haiga sido como haiga sido”, es la meta inmediata de aquel o aquella que entiende la política como una forma de lucro personal y una manera de obtener poder para ejercerlo no es beneficio de los ciudadanos sino en beneficio individual, y es un paso para lograr otro cargo más ambicioso que permita con más amplitud una forma de lucro personal y una manera de obtener poder para ejercerlo no en beneficio de los ciudadanos sino en beneficio individual. Valga el mimembre como una alegoría de usura política.


Y eso es lo que ha mandado al país al traste. Los gobiernos pasados, encabezados por el PRI y el PAN, que en el fondo son lo mismo, como lo demuestran los dos sexenios presidenciales anteriores, entendían de esta manera la política. Y algo más grave: la política como una plataforma para el enriquecimiento personal que obliga a cambiar de partido como se cambian los calzones. Un día con un partido, otro día con otro partido: resultado: no perder lo conseguido, sobre todo si de cuenta bancaria hablamos. Y de poder.


Pero hete ahí que tras años y años de abusos, la claridad del día se abre paso entre las tinieblas de la podredumbre y se inicia una verdadera transformación del país: y para no salir de la jugada política sin política se infiltran en el nuevo esquema, pretextando cualquier cosa, que por supuesto, es falsa. Y así llegaron a Morena y su alianza personajes de lo peor, como dice Naranjo.


En Nuevo León, sin necesidad de lupa, se distinguen por su pasado: los diputados de Morena en el Congreso, excepto uno o dos, y Judith Díaz, delegada el gobierno federal, que hasta el momento ha incumplido con su tarea de hacer llegar los recursos federales a las personas de la tercera edad, a los jóvenes que ni estudian ni trabajan y a los estudiantes y a las madres solteras y lo que abriga el nuevo modelo de equilibro social impulsado por el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador.


Y en prejuicio de los ciudadanos, principal objetivo de AMLO y Morena, Judith Díaz ha despreciado a los movimientos y agrupaciones sociales que luchan desde la autogestión por mejorar las cosas descompuestas por el gobernador Rodríguez Calderón y su banda. Y contra los mismos objetivos de la nación, se ha aliado con ellos: con Manuel González, con Jaime. No atiende las necesidades de los nuevoleoneses subyugados pero sí los del gobernador.


Judith no ha cumplido con la tarea de entregar los recursos federales a quien corresponde, a nivel nacional Nuevo León ocupa el último lugar en esta materia. Y el presidente lo sabe. No atiende las peticiones de los ciudadanos y se ha refugiado con un equipo afín con el que comparte la misma marca y perversa visión de la política. Judith Díaz no comparte el compromiso del Presidente López Obrador, al contrario, lo quiere echar a perder.



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