Opinion Editorial


¿Y el debate es…?

Camilo Ramírez Garza


Autor: Camilo Ramírez Garza | Publicacion:12-06-2019
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La identidad humana es algo que rota entorno a un vacío. No existe esencia humana. Los animales poseen esencia (instintos: habilidades estereotipadas instaladas en cada uno los individuos de su especie por el hecho de pertenecer a la misma) ellos tienen igualdad, los humanos no. Para nosotros, los humanos –planteó Sartre- nuestra existencia precede a la esencia. Eso quiere decir que aquello que se considera del orden de lo humano es una construcción, una invención histórica y cultural de acuerdo a una determinada latitud y contexto, a una interpretación.
Es por ello que los mitos, la filosofía, las artes, religiones, la ciencia y tecnología, el derecho, la medicina, la psicología, la sociología, el psicoanálisis, etc. operan (aportan) a través de una concepción específica de lo humano. Dichas concepciones podemos dividirlas en dos grandes grupos: los que consideran lo humano como un contenido específico, es decir con una esencia y las que sostienen lo humano como una construcción entorno a un vacío (derecho, ciencia y tecnología, artes y psicoanálisis) Aderezando el debate, si hay verdaderamente una esencia humana o no, cuestión por demás abierta y no resuelta; los humanos somos buenos/malos por naturaleza y es la cultura la que nos hace buenos/malos.
La ropa para los humanos no es simplemente un tejido para cubrir el cuerpo, sino el cuerpo mismo, una invención efecto del lenguaje y las imágenes, verdaderas prótesis que dan lo que no tenemos por naturaleza, una intervención en lo natural, desde una manta al nacer o un vestido de noche. Algo que puede tomar el lugar de la propia piel, que muta y que surge de la conciencia única en los humanos de estar desnudos. Los animales –como los humanos en los primeros años de vida- no tienen conciencia de estar desnudos. La ropa devino una propia piel, un artilugio que muestra nuestra construcción exterior. Incluso, alguien puede sentirse más cómodo con ropa que sin ella.
Echando mano de un rápido repaso histórico podemos localizar diferentes prácticas entorno a la ropa, ya no simplemente para cubrir el cuerpo, protegerlo de las condiciones climatológicas, sino marcando momento de tránsito, rango y celebración. Ropa de nacimiento y de muerte, ropa de fin de una etapa e inicio de otra, fiestas y graduaciones, fin de estudios, ropa de domingo, uniformes de escuela; infancia, adolescencia y adultez; de rango, lugar en la estructura social, familiar y de parentesco. También la ropa según el género, el invento de los colores adscritos para un determinado género, mediante una lógica binaria, azul o rosa, hombre y mujer, cuando en realidad los colores son solo eso, colores, para usarse como cada quien le plazca, no existe un color (significante) único y último que nombre los géneros; el revuelo, de fascinación o de crisis identitaria, que produjo la ropa unisex allá por los 80s del siglo pasado, que dejó –cómicamente- a muchos hombres con una profunda crisis de identidad, ¿Cómo es posible que podamos usar ropa para mujeres? ¿Samphoo para los dos generos? ¡Pero es una locura! O la liberación de los cuerpos de las “prisiones” de tela de los corpiños y fajas, de los sostenes de los 60´s, igualmente del siglo pasado. Ahora algunos de ellos reintroducidos con objetivos estéticos, eróticos, ortopédicos o de reducción de peso.
Cada quien, despojándose de dichas identidades coloríferas, puede hacer uso creativo de toda la gama de colores y de las formas. Pues ni el color azul, ni el rosa, expresan verdaderamente falta o ausencia, potencia y castración, respectivamente, como se pensó culturalmente por mucho tiempo. Solo entonces alguien puede, creativa y responsablemente, elegir para sí todos los colores o algunos según su gusto y estilo, según la ocasión.
El mismo Freud identificó algo más allá del complejo de Edipo, del falo, como organizador de la subjetividad humana, de la diferencia de los sexos. Es por ello que en estos tiempos, siglo XXI, el psicoanálisis no desarrolla su acción clínica binariamente en torno al falo, a ese elemento constitutivo, ¿Tener o no tener el falo, el poder? Sino a través de un gesto, de un acto de invención singular y responsable en torno a un vacío constitutivo. Mostrando cómo alguien sustenta su vida singularmente.
¿Faldas-pantalones, mujeres-hombres? Curioso binomio identitario para muchos aún en estos tiempos, incluso para algunos religiosos – el chiste se cuenta solo- quienes sostienen que las faldas son para uso exclusivo de mujeres…curiosamente, las ropas litúrgicas y hábitos que ellos mismos usan, son faldas solo que reciben otro nombre, sotanas.
La ropa en la actualidad -momento de invención y amplificación singular - estaría más en relación a un objetivo práctico de comodidad y versatilidad, para estar y hacer lo que cada quien realice en un determinado momento, una ropa según la ocasión, más que a un objeto cargado de ideología, religiosa y política. ¿O acaso los pantalones de mezclilla todavía simbolizan crítica al establishment político de mediados del siglo XX?
Los niños y jóvenes actualmente, como algunos adultos que deciden probar otras “pieles”, están menos al pendiente de tales supuestos limites identitarios adscritos a las ropas, gracias a ello pueden elegir en base en un valor mejor, la comodidad y practicidad –más allá de la ideología, política, religiosa y moral, que dictaba estar incomodo, sacrificarse, por encima de la comodidad, para salvar un ideal, un estereotipo. Algo que hoy ha caído por su propio peso.
Basar la identidad en un artefacto como la ropa, entrar en lucha por un cambio en los usos de la ropa, puede producir dos movimientos: crisis de identidad, molestia, reclamo y retorno a prácticas autoritarias o invención creativa ante este momento de transformación que vivimos. ¿Cuál elige usted?

camilormz@gmail.com

 

 



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