Opinion Columna


¿Y tú ayudas o te ayudas?

Cristóbal Elizondo


Autor: Cristóbal Elizondo | Publicacion:10-01-2019
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Vivimos en una sociedad donde las clases sociales se ven y se sienten, las diferencias abismales entre la riqueza y la pobreza están cubiertas por una abanico amplio de posibilidades y niveles; no es difícil encontrar ricos más ricos que otros y pobres más pobres que otros -aunque los románticos afirman que: “La verdadera riqueza y pobreza, se llevan en el corazón”-.

En estos tiempos el mundo gira sobre filosofías de individualismo, competitividad y egoísmo, la lucha de estatus que se genera socialmente, hace que las personas se enfoquen en tener, lograr y demostrar, por encima de muchos sentimientos nobles que se quedan enterrados, opacados por una competencia infinita de ego y poder.

La generosidad es una virtud que con el paso de los años ha perdido protagonismo en nuestra sociedad, aunque paradójicamente, de algunos años a la fecha, pareciera que el “altruismo y generosidad” se han puesto de moda, como si se tratara de una prenda de vestir que nos hiciera lucir como mejores personas.

Esta moda de ayudar, apareció de forma repentina, hace ya algunos años, generada y promovida por ciertas empresas y organizaciones, buscando sus propios intereses por encima de una generosidad natural y espontánea, dando lugar a una industria especializada en ayuda.

Hay quienes vehementemente defienden este tipo de programas, argumentando el beneficio del fin, pasando por alto y justificando los medios, sin embargo la generosidad no debería ser objeto de ninguna industria, porque el proceso y forma de comercialización, es el mismo como si se tratara de un producto, al final ya no sabes si compras una tarjeta de mil gramos de ayuda, o la falsa satisfacción de ayudar que dará “paz a tu interior”.

El redondeo se convirtió en un arma de doble filo, si bien es un método práctico para ayudar a instituciones que logran hacer algún convenio con alguna cadena comercial, también es un mecanismo cuestionado por el beneficio fiscal que pudiera traer para quien recolecta esta ayuda. Sin embargo, más allá del trasfondo administrativo de los donativos, lo que sí se está volviendo un problema es la forma de manejar este programa, ya que en muchos de los casos se ha convertido en un proceso automatizado, donde al donador ya ni se le pregunta si acepta o no donar, pues lo asumen como un deber o una obligación, no como una aportación voluntaria. Cuando se le llega a preguntar, la manipulación emocional es tal, que si te llegas a negar el cajero responde con algún comentario mordaz intentando hacerte sentir mal por la negativa de redondear.

Hoy en día, la sobresaturación que ha generado la industria del altruismo y generosidad, llega a ser un poco incómoda, pues nos enfrentamos a un constante bombardeo de solicitudes de ayuda. Por ejemplo: si vas a un cajero automático, nunca falta el mensaje que bloquea toda operación hasta que no aceptas o rechazas el donar; si haces una compra, por mínima que sea, te ves obligado a redondear y eso multiplicado por todas las que una persona puede llegar a hacer en un solo día; las tarjetas o productos especiales de ayuda puestos de forma convenientemente en las cajas, los maratones televisivos con su manipulación emocional, insisto que el fin puede llegar a ser una muy buena acción, pero el exceso de oferta o el método invasivo que usan tiende a lograr un efecto contrario.

En esta tendencia de ayudar hay quienes aprovechan para subirse al barco y obtener beneficio propio, hay desde macro organizaciones hasta pequeñas asociaciones o personas que a título individual se suman, eso sin contar los políticos que a través de mecanismos baratos de ayuda generan un posicionamiento que buscan convertir en votos.

Aunque legalmente está regulado y controlado el tema de ayudar, nunca falta quien pueda ingeniárselas para usar estas plataformas para sacar un beneficio directo o indirecto, sin embargo, quizá antes que un fraude fiscal o económico, preocupa más el hecho de la ética y el fraude moral que alguna organización -las menos- pudiera hacer en función de su causa.

Hay “líderes” al frente de organizaciones civiles, haciendo el mínimo o un trabajo medianamente aceptable, que se valen de sus asociaciones y movimientos para buscar el reconocimiento social o recompensas, mandando la imagen de estar trabajando por la sociedad, en la mayoría de los casos para autocomplacerse, engañando o usando a voluntarios para perseguir sus propios fines, pues lo que los motiva a ayudar es justo todo lo que pueda beneficiarlos a ellos y no a la causa por la que supuestamente trabajan.

Algunas personas al ayudar buscan ser ayudados ellos mismos, para encontrar un equilibrio o paz interior, esto es un falso altruismo que también está asociado a llenar un vacío, o descargar emocionalmente situaciones complicadas, incluso hay quienes lo hacen de forma inconsciente, no necesariamente con malicia. Hay quienes se refugian en ayudar como una forma purgar la conciencia o para hacer buenas acciones que generen un karma positivo -según algunas religiones dhármicas-.

Aunque el panorama del altruismo de entrada pareciera muy gris, no todo está perdido, aún hay gente noble y de buen corazón dispuesta a ayudar de forma desinteresada a quienes enfrentan vulnerabilidad y necesidad, incluso no es de sorprender que aún nos encontramos con seres humanos que dedican su vida entera a procurar el bien de los demás, ayudando de forma tal y desinteresada que están dispuestos hasta poner en riesgo su vida.

Ayudar innegablemente es una acción que da satisfacción y se siente bien cuando ves el resultado de forma tangible e inmediata; no tiene precio el ver dibujarse la sonrisa de un niño con alguna necesidad cubierta por tus acciones, o ver la tranquilidad de un enfermo al saber que podrá tener su medicina o atención médica, o la mirada de agradecimiento de una persona de la tercera edad que recibe un apoyo, incluso hasta ver un perro mover la cola de agradecimiento son detalles que te llenan de satisfacción y te motivan a repetir cualquier acción de ayuda.

Al ayudar lo debemos hacer de manera privada y silenciosa, porque publicarlo resta todo mérito de la ayuda misma, ¿Tu mano izquierda sabe lo que hace tu mano derecha?

Twitter: @cristobelizondo
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