Opinion Columna


¡Se ve desde lejos quién eres!

Cristóbal Elizondo


Autor: Cristóbal Elizondo | Publicacion:29-11-2018
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Siete son los pecados capitales que definió el Papa Gregorio Magno durante su pontificado allá en el siglo VI, entre ellos: la envidia, la cual da origen a muchos otros pecados -de allí su categoría como pecado capital- esto, visto desde un ángulo religioso. Sin embargo, otras disciplinas también han estudiado y definido la envidia, como la psicología, ya que es una manifestación de sentimientos y actitudes inherentes del ser humano.

Esta palabra viene del latín invidia, la envidia es el deseo de obtener algo que posee otra persona y de lo cual se carece. Dicho de otra manera, es el sentimiento o estado mental en el cual existe malestar, pesar o tristeza que se siente por el bien ajeno, cualidades, logros y otra clase de bienes. El envidioso no solo desea tener algo que otra persona tiene, además le causa satisfacción el privar al otro de su bien o incluso producir un mal a aquella persona. El envidioso suele tener un impulso por despojar del bien, destruirlo, o echarlo a perder.

La envidia es una conducta que hace mucho daño a quien la tiene. Este sentimiento de frustración trae consecuencias negativas que se padecen casi de forma inmediata, pues el envidioso es incapaz de tener una sana convivencia con quienes le rodean, manteniendo una imagen falsa para ocultar sus verdaderas emociones y personalidad. Generalmente estas personas no son capaces de asumir su envidia, pues aceptarla es una forma de mostrar una falla o debilidad, por eso mantienen a toda costa una imagen falsa de felicidad, que si somos solo un poco analíticos, nos damos cuenta de inmediato.

Es realmente triste ver el grado de insatisfacción y frustración que los envidiosos manifiestan -por más que intenten ocultarlo-, son personas sin metas, con un plan de vida poco o nada trazado, por eso al ver a otros teniendo logros importantes, no pueden resistir la necesidad de compararse con ellos. El resultado es un sentimiento negativo, un daño emocional al ver lo que el otro tiene y él no, este sentimiento es tan poco útil, pues no impulsa a nada bueno, solo a despertar pensamientos negativos y malestar. Generalmente un envidioso no quiere mejorar su situación, más bien desea que al otro no le vaya bien.

Al compararse con alguien, salen a flote las deficiencias y carencias emocionales, físicas, psicológicas, espirituales, la falta de habilidad social para interactuar en entornos personales o profesionales, y establecer relaciones interpersonales sanas; incluso, hay quienes se miden hasta en la salud, el buen gusto, estado de ánimo, el talento y una larga lista de factores que pueden llegar a ser objeto de envidia.

El que sufre de la envidia muchas veces lo hace porque asume que el otro posee en mayor cantidad lo que él no, cuando a veces esto, no es necesariamente acertado. Sienten que el envidiado tiene algo que no merece, o debiera ser suyo, y eso los hace sentir una serie de emociones negativas, y convierten a la otra persona en su rival y enemigo, aunque la otra persona ni enterada este; pero se dará cuenta al ir padeciendo las conductas y desplantes del envidioso.
Cuando la envidia se sale de control es muy grave, porque se convierte en una patología; y quien la padece actúa con malicia y resentimiento; es capaz de llegar a la hostilidad, violencia, y odio; en casos severos, incluso, a cometer delitos que pueden llegar hasta quitar la vida del envidiado.

En una sociedad tan materialista y consumista, en la que la felicidad es malamente asociada de forma casi natural a una buena imagen, el ser y parecer exitosos, ricos, guapos, famosos, o reconocidos socialmente, la envidia cobra peso, se instala en la mente de personas con baja autoestima, con una vida llena de frustraciones y fracasos.

Hay quienes hablan de sentir envidia de la buena, cuando en realidad se trata de un sentimiento de admiración. En lo personal, considero que la envidia no puede ser buena, la envidia es lo que es, simplemente un sentimiento destructivo y negativo; quizá debería solo usarse la palabra admiración, tal cual. Este tipo de sentimientos nos hacen crecer y esforzarnos a trabajar por algo que admiramos y deseamos; nos inspiran a crear y ser mejores; en cambio, la envidia, genera todo lo contrario.

La envidia es algo que se manifiesta de forma casi inevitable y espontánea, sentirla no debiera ser causa de alarma, pues es parte de la naturaleza humana. Se convierte en problema cuando se le da importancia y se toma como el punto de partida para obtener algo que no tenemos. El dejarla ir como un pensamiento pasajero es la mejor manera de evitar que se arraigue en nuestra vida. Pues la única forma de obtener aquello de deseamos es esforzarnos en tenerlo a costa de trabajo, esfuerzo, disciplina, y no arrebatándolo, o destruyendo, a quien lo posee.

Ser envidiado no se puede evitar, tarde o temprano te enfrentas a una situación en la cual te conviertes en el centro de atención -para mal- de otra persona. Lo mejor en estos casos, es no darles importancia a este tipo de personas, a pesar de sufrir las consecuencias de sus actitudes, lo mejor es perdonarlas, ya que en el fondo sufren por no ser lo que tú eres, o no tener lo que tienes, viven con un sentimiento de inferioridad que no se atreven a manifestar y creen que, consiguiendo lo que tienes, pueden cubrirlo, sin darse cuenta o estar conscientes de que cargan un grave problema, pues vivir de esta forma es estar alejado de una realidad propia, perdiendo así, la oportunidad de demostrar su potencial.

Debemos aprender a reconocer que los logros generalmente son el resultado de un esfuerzo y objetivo trazado. Es innegable que, hay quienes pueden alcanzar sus metas con menor esfuerzo que otros, o quienes, de forma inexplicable, consiguen llegar por un camino fácil; pero generalmente son la minoría, probablemente serán éxitos y satisfacciones volátiles; lo mejor es concentrarte en tu propio plan de vida y tus metas. Es lamentable que exista gente que base sus éxitos en destruir y no en construir. Es importante aprender a valorar lo que somos, lo que tenemos y nuestro potencial para alcanzar nuevos logros.

Poner nuestra atención en otras personas, en sus logros, en sus bienes y cualidades, no es otra cosa que descuidarnos a nosotros mismos, perder el tiempo, dejar pasar la oportunidad en trabajar, construir éxitos propios, y desarrollar nuestros talentos.

¡Se ve desde lejos quién eres! porque aunque intentes ocultar la envidia, es algo que tarde o temprano se hace evidente y muy notorio. Al final, terminas perdiendo el control, y en el afán de destruir todo aquello que no puedes tener, te destruyes a ti mismo.

Twitter: @cristobelizondo
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