Opinion Editorial


Benito Juárez, héroe nacional


Autor: Arturo Delgado Moya | Publicacion:20-03-2017
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Después de lograda y reconocida la Independencia de México, a partir de 1821, dos personajes de la política mexicana se han destacado por su liderazgo, sus ideas, sus acciones políticas y su obra de gobierno, ellos son el licenciado Benito Juárez García en el siglo XIX y el general Lázaro Cárdenas del Río en el siglo XX.
Benito Juárez García nació un 21 de marzo de 1806 en el poblado de San Pablo Guelatao, palabra del zapoteco que quiere decir “noche honda” en la cadena montañosa del estado de Oaxaca. Sus padres murieron cuando tenía tres años de edad y él quedó bajo el amparo de sus abuelos paternos, quienes murieron poco después, quedando Benito bajo la custodia de su tío Bernardino Juárez, quien lo incorporó como peón del campo y como pastor de ovejas hasta la edad de doce años. En la comunidad de Guelatao todos hablaban zapoteco y el poco castellano que le enseñaba su tío, no había con quien practicarlo, por lo tanto, su aprendizaje fue muy lento.
En aquellas condiciones de vida rural, pronto se convenció de la necesidad de irse a vivir a la ciudad de Oaxaca y el motivo, según los biógrafos, fue la pérdida de una oveja y, para evitar el castigo que le esperaba, decidió caminar desde su pueblo natal hasta la ciudad capital donde se incorporó a una familia donde trabajaba un pariente.
A los veinte años de edad, ingresó al Instituto de Ciencias de Oaxaca, donde estudió la carrera de derecho y como abogado defendió a las comunidades indígenas, viajando constantemente por los caminos de su estado, motivo por el cual estuvo preso. Siempre expresaba a las autoridades sus ideas liberales y, en consecuencia, su participación política cada vez era más activa.

 


En 1831 Benito Juárez, a la edad de 25 años, fue elegido regidor del ayuntamiento de Oaxaca y un año después diputado al Congreso del Estado. A partir de ese año y de esa edad, Juárez decidió dedicarse a la actividad política, soportando un ascenso problemático, donde tuvo que padecer desde el exilio hasta la cárcel, defendiendo a su país de la Invasión Americana y en reconocimiento a la energía con que defendió los intereses nacionales para el año de 1846 fue electo diputado por su estado natal ante el Congreso de la Unión y un año más tarde designado gobernador del estado de Oaxaca, en el que permaneció hasta 1852.
Durante los años de la invasión norteamericana, Juárez estaba como gobernador de su Estado y manifestó su oposición al Tratado de Guadalupe Hidalgo mediante el cual México perdió la mitad de su territorio nacional y se manifestó en defensa del proyecto federalista y republicano, que el partido liberal pregonaba en el ámbito nacional. Esto le costó salir del país y exiliarse en Cuba, durante el gobierno de Santa Ana en su último período, en la víspera de la proclamación del Plan de Ayutla.
Al triunfo de los revolucionarios de Ayutla, el presidente Comonfort (1855-1857), lo nombró ministro de Justicia, desde donde Juárez promulgó una serie de leyes que establecían las libertades de enseñanza, imprenta y trabajo y anulaban las prerrogativas del clero y el ejército.
Estas disposiciones legislativas, inspiraron la Constitución de 1857, de corte liberal, ante la cual los conservadores se pronunciaron en su contra con el plan de Tacubaya, sumándose Comonfort al golpe de Estado, encarcelando a Juárez, dando origen a la guerra de Reforma de 1858-1860.
Las Leyes de Reforma son el conjunto de disposiciones jurídicas decretadas por Benito Juárez desde Veracruz y como presidente de México proclama una constitución más radical obteniendo la unidad de la gran mayoría de los mexicanos en su lucha contra los conservadores y sus monarcas traídos de Europa.

En la defensa de su soberanía e independencia, México como país reconocido internacionalmente consolida su forma de gobierno liberal, republicano, federal y democrático y en 1867 derrota a los monarcas europeos y sus aliados, demostrando a los propios mexicanos y a los gobiernos extranjeros la fuerza política, social y militar que nuestro país ostenta, frente a las potencias extranjeras que deseaban volver a México como una colonia de su imperio.
Los historiadores mexicanos han considerado por muchos años al cura Miguel Hidalgo y Costilla, padre de la patria, el héroe nacional que dirigió y ofreció su vida en la lucha por la independencia política de la Colonia española y a su par, el licenciado Benito Juárez, como el héroe nacional que hizo posible la independencia de México respecto del Vaticano, la Iglesia Católica Mexicana y la injerencia de los imperios y potencias europeos.
A Juárez, los mexicanos debemos la fundación del Estado mexicano como nación y sus instituciones jurídicas, políticas, educativas y culturales.
En los tiempos que nos toca vivir, los mexicanos requerimos de un Benito Juárez capaz de unir a los mexicanos con un ideario, programa y estrategia política, económica y social nacionales, globales, innovador que frente a la política imperial de nuestro vecino país del norte, que tanto nos subordina, un Juárez renovado nos ofrecería nuevos aires de gobernabilidad.

 



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