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Redes sociales, difusoras de malos hábitos


Publicacion:03-07-2018

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El vacío legal ampara a los usuarios que promueven trastornos alimenticios como la anorexia o la bulimia.

Las redes sociales se han convertido en un compañero más en nuestro día a día. Cada una de las redes tiene un objetivo, un público al que dirigirse. A través de Instagram, los influencers mueven millones de personas y deciden las modas. A su vez, los temas de actualidad se tratan en Twitter.

Uno de los temas que más preocupa en redes sociales o grupos de WhatsApp es la apología de los trastornos alimentarios. Los vigentes cánones de belleza y las dietas sanas que se difunden pueden ser mal entendidas por los usuarios;un muro contra el que los profesionales chocan a diario. Como recuerda el psiquiatra Ignacio Jáuregui Lobera, director del Instituto de Ciencias de la Conducta y experto en Trastornos de Conducta Alimentaria, los expertos llevan “bregando” con estos problemas desde los años 80 del siglo pasado, pero “desgraciadamente” siguen sin poder curar al cien por cien de los pacientes. Un problema que crece “porque no podemos luchar, cambiar y modificar aspectos sociales que están en la calle”, asegura Jáuregui.

Las redes sociales se han convertido en un peligro mayor que las páginas web, pues hacen más invisibles los mensajes relacionados con enfermedades como la anorexia y la bulimia. Es frecuente el intercambio de trucos para adelgazar, vomitar o esconder el trastorno a los padres a través de grupos de WhatsApp. Y es que la red está protegida, hacer apología de trastornos alimentarios a través de internet no es delito. Jáuregui explica que “está protegida bajo el paraguas de la libertad de expresión”, por lo que es muy difícil “hacer gran cosa contra ellas”.

Las redes como Snapchat, Twitter, Facebook, Pinterest o Instagram son volátiles, incontrolables. Esta última es la red por excelencia para las personas que sufren trastornos alimenticios, donde comparten sus experiencias con otras enfermas que las entiendan y aplaudan.

SIN FILTRO

En las fotografías hay filtros, en los contenidos difundidos también. Y es que ya en 2012, Instagram incluyó en su lista de etiquetas prohibidas las ligadas a estos trastornos alimenticios como #probulimia, #proanorexia, #loseweight (#pierdepeso), etiquetas que dejaron de ser aptas y quien las usaba no obtenía otros resultados. Sin embargo, la etiqueta #anorexia sigue teniendo más de 5,4 millones de publicaciones;#bulimia 2,7 millones.

Y como en todo, hecha la ley, hecha la trampa. Los pacientes han creado nuevas etiquetas, nuevos códigos con los que hablar de sus trastornos en las redes. #ana, es anorexia;#mia, es bulimia. Términos que se combinan para etiquetar y llegar a más enfermas #anaymia, o que generan nuevas etiquetas creando un ya conocido lenguaje propio de estas pacientes: purge (purga, vomitar), ED (desorden alimentario) o edwarriors (soldados o luchadores de los ED).

Las redes sociales se han convertido en difusoras de malos hábitos, desinformación incontrolada, falsos mitos y datos incorrectos que ponen en peligro la salud y el desarrollo físico y emocional, sobre todo en los más jóvenes.

El psiquiatra Jáuregui considera que se trata de un problema muy grave al que se enfrenta la sociedad, y cree necesario cambiar el mensaje que se está transmitiendo ya no solo por parte de las familias sino desde la política, los docentes, los pediatras o el profesorado de Educación Física hasta los medios de comunicación, y teniendo en cuenta que “una cosa es lo que yo transmito y otra lo que entiende el receptor”.

Los trastornos alimenticios aparecen, en general, en la adolescencia y afectan a alrededor del 5% de la población joven. A través de los teléfonos móviles, los adolescentes tienen acceso a todo el contenido posible. Un estudio de la Universidad de Haifa (Israel) revela que hay una relación directa entre el riesgo de sufrir estos trastornos alimentarios y el tiempo que estos destinan a las redes sociales.

MUJERES, LAS MÁS AFECTADAS

Jáuregui explica que hay más mujeres que hombres afectadas por trastornos alimenticios, 90 de cada 100 pacientes. Y es que, a los cambios de la pubertad, “un elemento de riesgo en chicas y de protección en chicos”, se suma la presión por género que imponen los cánones de belleza “tremendamente pesada e intensa” en este colectivo. Mientras que con la pubertad los chicos crecen, se estiran y musculan, a las chicas se les redondean las formas, les crece el pecho y la grasa se acumula “donde no les gusta”, y ello les genera insatisfacción con el cuerpo, con la forma de determinadas partes y con el peso, y desemboca en depresión, ansiedad o irritabilidad. Son los componentes psicológicos que influyen para sufrir este tipo de trastornos.

Estas patologías acarrean además enfermedades como desnutrición, problemas cardiovasculares, digestivos, daños en el esófago y en el esmalte dental, obesidad y sobrepeso por los atracones, además de retraimiento social, aislamiento o irritabilidad y en algunos, sobre todo en los adolescentes, el suicidio no por el deseo de morir sino por “no vivir de esa forma”, lamenta Jáuregui.

TERCERA ENFERMEDAD

El psiquiatra critica la falta de una ley que regule este tipo de contenido por internet. El vacío legal escuda a todos aquellos que emplean sus cuentas para promover la que considera que son la tercera enfermedad crónica entre adolescentes. Según algunos estudios realizados por la Agencia de Calidad de Internet (IQUA) y la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), las webs relacionadas con estos temas aumentan cada día;en ellas, el 75% de los usuarios son menores de edad.

Cada vez se detectan casos de niñas más jóvenes que sufren un desorden alimentario y cada vez más también se dan más casos de adultos. La bulimia es el trastorno que afecta a más gente, tanto mujeres como hombres, más que la anorexia nerviosa y la ingesta compulsiva.

CLAVES

La familia, modelo. Los psiquiatras advierten de que los hábitos de la familia son la clave para los menores, pues estos aprenden y repiten lo que ven a sus padres.

Cuidado con las dietas. Muchas familias tienen una obsesión por la dieta, por comer sano y la práctica deportiva, a veces mal entendida. Las dietas deben tener prescripción médica, no dejarse guiar por las modas y engañarse con los métodos milagro para perder peso y salud.

LA CIFRA

9/10

De todos aquellos que sufren trastornos alimenticios, nueve de cada diez son mujeres. La mayoría de ellas, adolescentes entre los 9 y los 12 años que ven cómo cambia su cuerpo, algo que no terminan de aceptar.



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