Joven TEC


La mexicana de 21 años que hizo un negocio con la cáscara de naranja


Publicacion:30-06-2018

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Desde pequeña, Giselle vendió lápices y dulces, mientras que su excelencia académica la ha llevado a ser reconocida.

“No eres una niña normal”, le dice su familia a Giselle Mendoza Rocha. La joven de 21 años ha estudiado en las mejores escuelas a su alcance por la excelencia académica en sus estudios y las becas que la han premiado. Aunque el sueño más importante en su vida apenas está por comenzar: crear la primera empresa mexicana en producir bioplástico a nivel industrial con cáscaras de naranja, un proyecto del que ya tiene noticia Silicon Valley.

En México, la naranja de se produce en 28 estados y el país es el quinto productor a nivel mundial del fruto, del cual un 40 y 60 por ciento se tira a la basura tras haber extraído su jugo. Una tecnología que ha despertado el interés de los inversionistas en todo el mundo para producir bioplástico.

“Las decisiones son tomadas desde una perspectiva tecnológica y comercial”, dice Mendoza Rocha, quien afina los últimos detalles de su producto en un laboratorio, tras 3 años de trabajo ininterrumpido.

El equipo involucrado en el proyecto ya se encarga de encontrar la ubicación de la planta industrial e iniciar la producción para abastecer la demanda de las empresas que ya se encuentran interesadas en adquirir el bioplástico.

A inicios de este año, GECO se hizo acreedora al Global Student Entrepreneur Awards en México, el cual trajo consigo un premio de 500,000 pesos por emprendimiento y 100,000 pesos por innovación.

Los grandes empresarios y los inversionistas que tienen noticias de GECO han creído que Giselle Mendoza es una empresaria consolidada, y se sorprenden al mirar a una joven universitaria que estudia el noveno semestre de la carrera de Economía en el Tec de Monterrey.

Desde pequeña, Giselle vendió lápices y dulces, mientras que su excelencia académica la ha llevado a ser reconocida a nivel estatal y nacional e inclusive conocer a presidente de México o al director de la Bolsa Mexicana de Valores, así como personalidades brillantes de todo el mundo.

Ha sido graduada del programa Innovation for Equality por Universidad de Berkeley, tras ser seleccionada entre emprendedores sociales de toda Latinoamérica y Estados Unidos para recibir una de las 15 becas otorgadas.

La zacatecana radica en Nuevo León ha viajado a Silicon Valley recientemente, en donde obtuvo el apoyo de mentores para que el negocio cuente con un impacto ecológico y social en el país. El sueño es abrir la puerta para que las empresas mexicanas lleguen a la meca del emprendimiento mundial.

La transformación

A sus 10 años, Giselle conoció a una familia que vivía en un cuarto a medio construir en Zacatecas. Todos los habitantes de la casa dormían en una sola cama, que se encontraba justo a un costado de una pequeña cocina, y batallaban para conseguir empleo intermitente, ya que el jefe de familia era invidente.

Esa niña descubrió en uno de los barrios más pobres que la educación y el apoyo a la economía eran las principales armas para acabar con la vulnerabilidad.

Giselle ha convertido la excelencia académica en una forma de hacer autosostenibles sus estudios. Ha estudiado en las mejores escuelas con becas, las cuales han cubierto al 100% el pago de su trayectoria escolar.

Mendoza Rocha obtuvo a los 10 años el primer lugar estatal en la prueba educativa Enlace, que lleva a cabo la Secretaría de Educación Pública (SEP), misma institución que la seleccionó para asistir a la primera edición del Festival de Mentes Brillantes de la Ciudad de las Ideas, en Puebla.  

Giselle nació en Fresnillo, Zacatecas. Ahí pasó 10 años de su vida hasta que las crisis económicas de la familia hicieron que emigrara hacia Durango, estado que la vio desarrollarse por 8 años.

Sin embargo, no perdió la convicción de que quería emprender y descubrió que también podía ayudar a los sectores poblacionales menos favorecidos.

“Yo creo que no puedes transformar algo si no puedes entenderlo primero”, dice Giselle Mendoza, quien cree que no era justo que todos los conocimientos adquiridos en las aulas se quedaran obsoletos en el silencio de la indiferencia.

A los 11 años, Giselle superó el resultado obtenido en la prueba Enlace en el año previo y logró el primer lugar a nivel nacional. Así fue como viajó a la Ciudad de México para conocer al entonces presidente del país, Felipe Calderón Hinojosa.

Hoy, vive y estudia la carrera de Economía en el Tec de Monterrey, universidad que la ha becado al 100% dentro de su programa Líderes del Mañana.

La naranja como negocio

Los padres de Giselle se dedican a la industria restaurantera y no es raro si se toma en cuenta que emprender en los negocios es una actividad que también realizaron los bisabuelos de la joven estudiante y que toda su familia ha comprendido como un destino de vida.

“Eso marcó mi niñez e incluso tengo recuerdos de que cuando estaba en segundo o en tercero de primaria hice mi primer negocito, porque mi papá me impulsó a tener la seguridad hacer todo”, dice Mendoza.

Hoy, Giselle se ríe de aquel primer negocio en donde vendió lápices flexibles de colores, los cuales se vendieron todos por montones, pero no le dejaron ninguna ganancia por no incrementar su costo original. La primera caída y lección empresarial aprendida a la edad de 7 años.

En el primer semestre de la carrera de Economía, Giselle hizo estudios para analizar el proyecto de forma científica y financiera. La cáscara de naranja es una de las tantas materias primas que se pueden utilizar para hacer plástico y fue elegida por su abundancia entre los residuos a nivel mundial.

Este es el inicio de GECO. Una empresa ecológica que Mendoza Rocha fundó cuando tenía 18 años y la idea de negocio de la infancia ya había madurado lo suficiente para ver la luz e impactar en el entorno.

Giselle reconoce que es un reto enorme a nivel de costos y también por la alta tecnología que es necesaria para desarrollar la producción. “Me considero una soñadora aterrizada”, dice la emprendedora.

La joven emprendedora siempre ha vivido de prisa y no comprende cómo los jóvenes pueden pensar en lo que van a hacer el fin de semana. Ella ha preferido actuar y alejarse de la rutina de todos los días.

Este año terminarán las pruebas en el laboratorio del Tec de Monterrey, para dar paso a la producción y un posterior crecimiento en el abasto de clientes de alta demanda.

“La industria de los plásticos es muy consolidada y tradicional, pero creo en el potencial de la disrupción y el beneficio para las personas”, comenta.

Todo ha iniciado como una idea que hoy tiene apoyo económico y todo ha nacido por el afán de aprender mientras ayuda a las personas menos favorecidas. La universitaria no busca un reconocimiento, pero sí sueña con un cambio que ha nacido en las aulas.

Giselle Mendoza se ha puesto a sacar cuentas y cree que la educación que ha obtenido tiene un alto retorno de inversión y de impacto para el país. “Invertirle a la educación tiene un retorno de inversión más alto que varios negocios. Eso ya lo estudié en números”.



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