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Facebook, Tinder, Badoo... pero ¿es posible encontrar pareja en Internet?


Publicacion:17-05-2018

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Consejos para saber si tu búsqueda está bien orientada en las redes sociales

Pedro, de 38 años: “Yo estoy en varias aplicaciones desde hace años, básicamente para encontrar sexo de forma rápida. Si la chica me gusta por foto y hablando me parece simpática, quedo con ella cuanto antes porque no me gusta perder el tiempo chateando. Obviamente, no le digo que solo quiero llevármela a la cama. Suelo tener sexo en la primera cita o, como mucho, en la segunda. Pocas son las veces que repito con la misma chica”.

María, de 37 años: “Estoy en una aplicación desde que lo dejé con mi pareja, hará nueve meses. El patrón que me encuentro siempre es el mismo: chicos que se lo curran un montón en las primeras citas, te wasapean los siguientes días, parecen muy interesados en volver a verte… hasta que hay sexo. Entonces, como por arte de magia, desaparecen de tu vida. El panorama es desolador”.

Facebook, Tinder, Badoo... Seguro que si has estado o estás en alguna de las innumerables aplicaciones para ligar que existen, en algún momento de tu vida te habrás sentido identificado con Pedro o con María, personas reales a las que hemos entrevistado para este artículo, pero hemos cambiado los nombres por una cuestión de privacidad.

Sentado o sentada en un banco a solas para evitar miradas indiscretas, alguna vez has sacado el móvil del bolsillo, has abierto esa app y has empezado a hacer el casting a los candidatos que te aparecían en la pantalla. Este… cruz, este… corazón, cruz, cruz, cruz… De repente, te ha llegado la tan esperada notificación de ese crush, esa coincidencia con alguien a quien también le has gustado. Empezáis a hablar de trivialidades, luego preguntas más directas sobre gustos o aficiones y lo siguiente es quedar en persona. ¿Me gustará cara a cara? ¿Le gustaré? ¿Será él por fin? ¿Será ella? ¿Me saldrá rana otra vez porque, claro, en internet, todos los gatos son pardos? ¿Es posible encontrar pareja por internet como en Newness, esa intensa película sobre una pareja de millennials que se conoce por una aplicación?

FacebookInternet permite esconder lo malo y lo secreto con una facilidad abrumadora
Que muchos están en ese limbo virtual para pasar un buen rato, es un hecho. Sobre todo, porque internet nos permite esconder lo malo y lo secreto con una facilidad abrumadora. Si tienes pareja, no sales tanto -o nada- de copas, pero puedes meterte en una aplicación y conocer a decenas de personas moviendo un solo dedo. Las consultas de los psicólogos están llenas de víctimas de la mentira virtual, pero si ponemos un poco de atención, a lo mejor podemos detectar los indicios, la punta del iceberg de esa mentira antes de que sea demasiado tarde.

Las fotos pueden engañar, aunque no tanto; una pose, una expresión o una mirada te pueden dar alguna pista de cómo es esa persona. Una imagen vale más que mil palabras, antes, ahora y siempre. Las miradas que se esconden detrás de gafas de sol ocultan más que los ojos, igual que las que no miran abiertamente al objetivo. Las primeras conversaciones por chat, también dan pistas. Si te entran con un “¿Vives sola?” o un mensaje de “Estoy muy solo” a las dos de la mañana, no esperes mucho más que uno o dos revolcones. Igual que si en la primera cita habla demasiado de sexo, no te explica demasiado de su vida ni te pregunta demasiado por la tuya, o se te tira al cuello nada más anochecer.

FacebookUna pose, una expresión o una mirada te pueden dar alguna pista de cómo es una persona: una imagen vale más que mil palabras
Según Isabel Larraburu, psicóloga clínica, la intuición ha de estar mucho más agudizada ante la posibilidad de encontrarnos un fake virtual, un impostor: “Mejor usar la aplicación solamente para hablar lo básico y quedar, y pasar cuanto antes al contacto personal. Mejor no tomar decisiones virtualmente ni enamorarse antes de verse, si es posible. Lo ideal es cerrar una cita durante el fin de semana, que es cuando se está en familia o pareja. Es una manera rápida de detectar si esa persona tiene algo ‘oculto’”.

Para Larraburu, las aplicaciones gratuitas ofrecen menor garantía que las que son de pago u ofrecen un servicio premium: “La red puede ayudar a aumentar las probabilidades de encontrar pareja, sin duda, pero aquí la criba ha de ser mucho más intuitiva, racional y eficiente. Las aplicaciones o webs que exigen un pago pueden optimizar este proceso de selección. Evidentemente, hay un componente de buena suerte, como en todo en la vida, pero las aplicaciones con pago ya implican un compromiso preliminar con tu intención, mientras que las gratuitas pueden facilitar las experiencias impulsivas, las aventuras encubiertas, las mentiras, las canas al aire de las vidas aburridas de algunas parejas...”

Las aplicaciones gratuitas pueden facilitar las experiencias impulsivas, las aventuras encubiertas, las mentiras, las canas al aire...”

Aunque si estás en una -o varias- aplicaciones gratuitas, no tires la toalla aún. Cuántas veces hemos escuchado aquello de “Se conocieron por internet, se casaron, y acaban de tener un bebé”. El amor también puede estar, además de en el aire, en la red, sí. Porque esas aplicaciones no dejan de ser un calco de la “vida real”, donde también encuentras de todo.

David, de 42 años: “Yo estuve muchos años metido en esas aplicaciones. Quedaba con varias chicas a la vez, cuatro, cinco, hasta seis. Cuando se complicaba mucho la cosa, la dejaba e iba a por otra nueva. Hasta que conocí a Marta. Al principio no supe que sería mi pareja, solo me cayó muy bien, me pareció divertida, distinta… no sé, tenía ese algo que hacía mucho que no encontraba y no era solamente su físico. Durante un tiempo tuve varios frentes abiertos, pero poco a poco los fui cerrando hasta que decidí ir en serio con ella. Ahora llevamos tres años juntos y estamos buscando nuestro primer hijo”.

Elena, 27: “Estaba ahí por comodidad, porque no me gusta salir por la noche y no tengo demasiada vida social. Me encontré de todo, aunque al principio, más malo que bueno. Gente que te iba dejando un poso de desconfianza y mal rollo en el cuerpo. Dos citas y nunca más se supo. O gente con la que hablabas durante tiempo por chat la mar de bien y de un día para otro desaparecían del mapa sin explicación alguna. Hasta que conocí a Pedro. Con él todo fueron buenas sensaciones desde el minuto uno, si bien al principio comenzamos como los típicos ‘amigovios’. Pero poco a poco nos fuimos enganchando el uno al otro y ya hace dos años que estamos juntos. Las aplicaciones para ligar son como una discoteca a domicilio”.

Ya conozcamos a la persona cara a cara o por internet, lo que está claro es que la fórmula para enamorarla no existe, a no ser que recurramos a alguna bruja que nos prepare una pócima, y eso solo pasa en los cuentos. En todo caso, además de ir con los ojos bien abiertos para detectar determinadas conductas “sospechosas”, Larraburu recuerda ciertos aspectos a tener en cuenta a la hora de conseguir pasar la barrera de los ‘amigovios’: “Es evidente que hay cosas que continúan siendo un clásico, aunque nos puedan parecer políticamente incorrectas... Los hombres pueden tener sexo sin implicarse excepto honrosas excepciones, mientras que las mujeres suelen buscar algo más en el sexo -ojo, no siempre-. Por otro lado, la ley de la oferta y la demanda influye en la forma de relacionarnos, el hecho de sea tan fácil sustituir a un “clavo” por otro “clavo” con solo un clic”.

¿Dónde está la clave para pasar esa barrera del sexo? “El amor y el respeto por uno mismo siempre deben prevalecer a la necesidad de ser queridos, valorados y deseados por el otro. Así no perderemos de vista la diferencia entre necesidad y afecto verdadero. Si te enamoras demasiado rápido, puedes estar bastante seguro de que pesa más la necesidad que el amor. Esto vale para ellos y para ellas”, dice la psicóloga.

Amor por uno mismo, respeto y, no menos importante, esa química que hace que haya fuegos artificiales, son los ingredientes básicos para el éxito de la relación. Y si alguien consigue el WhatsApp de la bruja que prepara pócimas para enamorar, que lo pase.



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