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Teatro de la Ciudad celebrará aniversario


Publicacion:16-05-2018

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Con tres Galas Centenarias

 

México.- El Teatro de la Ciudad Esperanza Iris celebrará 100 años con tres Galas Centenarias a cargo de la Orquesta Filarmónica Juvenil Armando Zayas, el ensamble Tembembe con “Son para 100” y Tambuco, con la mezzosoprano Katalin Károlyi y el pianista Héctor Infanzón como invitados. 

 A manera de preámbulo, en conferencia de prensa, los artistas involucrados en las Galas Centenarias recordaron que la apertura del recinto se llevó a cabo el 25 de mayo de 1918 con la asistencia del presidente Venustiano Carranza.

En esos años la cantante y actriz Esperanza Iris compró el viejo Teatro Xicoténcatl, lo derribó, y ahí erigió el suyo.

El lugar celebra en mayo su mes de aniversario. Desde su apertura ha sido sede de importantes acontecimientos artísticos y para celebrar sus 100 años se llevarán a cabo tres funciones extraordinarias.

La primera será el viernes 25 de mayo con la Orquesta Filarmónica Juvenil Armando Zayas de la Ciudad de México, se adelantó en la conferencia.

La agrupación ofrecerá “Bailes de salón de aquí y de allá”, programa que incluye arreglos orquestales de valses, polkas, danzones y mambos.

Bajo la dirección de Ariel Hinojosa Salicrup, el ensamble está integrado por los alumnos más destacados de las 13 orquestas juveniles de la Ciudad de México, quienes ese día mostrarán su depurada técnica.

Al día siguiente, el sábado 26 de mayo, Tembembe Ensamble Continuo, agrupación que se propone investigar, recrear y difundir la relación que tiene la música del periodo barroco con la música tradicional mexicana y latinoamericana, ofrecerá la gala “Son para 100” para viajar en el tiempo y dar la posibilidad de disfrutar esos géneros musicales.

El domingo 27 de mayo el ensamble Tambuco honrará al recinto de Donceles con un concierto de lujo que incluirá la participación de la solista invitada, Katalin Károlyi, mezzosoprano franco-húngara, así como el estreno mundial de la obra comisionada a Héctor Infanzón en ocasión del centenario del teatro.

El lugar llega a su primer centenario con un cúmulo de memorables presentaciones y anécdotas. Vanguardista y majestuoso, así luce hoy el foro ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, declarado en 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

El recinto es una joya arquitectónica con elementos neoclásicos de principios del siglo XX, inspirado en los templos griegos y romanos, con balaustradas, pilastras y columnas.

En el segundo nivel están los bustos de Giuseppe Verdi, Georges Bizet, Franz Lehar y Jacques Offenbach, así como de la creadora del recinto: Esperanza Iris (1884-1962).

A principios del siglo XX México vivía transformaciones sociopolíticas, económicas y culturales resultado del proceso revolucionario que se manifestaba en levantamientos armados, fluctuaciones monetarias e inestabilidad gubernamental. En ese marco adverso, Esperanza Iris se aventuró a cumplir uno de sus sueños más anhelados: tener su propio teatro.

Con una trayectoria que construyó desde su infancia, la artista encomendó al director de orquesta Mario Sánchez buscar el lugar adecuado para construir su teatro.

El espacio fue el Teatro Xicoténcatl (1912), a un costado de la Cámara de Diputados, que se puso a la venta un año después de su inauguración, por su deficiente construcción y acústica.

El 3 de mayo de 1917 se colocó la primera piedra del nuevo recinto y la construcción inició 12 días después, liderada por los arquitectos Ignacio Capetillo y Federico Mariscal.

Guillermo Cárdenas se encargó de las esculturas, los hermanos Posadas tuvieron a su cargo todas las molduras de yeso, Daniel del Valle la pintura y el electricista León Cedillo Tableros realizó la instalación eléctrica.

Un año después, el 25 de mayo de 1918, “La Diva de la Opereta” cristalizó su sueño al inaugurar su propio espacio.

El “Esperanza Iris” fue considerado augurio de paz, estabilidad y prosperidad para el régimen revolucionario, señal de que la sociedad podía encontrar la armonía en la cultura, sobreponiéndose a la violencia e inestabilidad de esos días.



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