Cultural Más Cultural


Oro, incienso y mirra

La Epifanía del SeñorLa Epifanía del Señor

Autor:Felipe Bacarreza   |    Publicacion:07-01-2018

+ + - -

La solemnidad de la Epifanía del Señor, que celebramos en Chile este domingo (su día propio es el 6 de enero), se caracteriza por estas palabras

“Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo’”. La solemnidad de la Epifanía del Señor, que celebramos en Chile este domingo (su día propio es el 6 de enero), se caracteriza por estas palabras.

Muchos reyes había tenido antes Israel que ostentaban el título de “Rey de Israel” o “Rey de Judá”. Algunos de ellos habían vivido en un palacio magnífico rodeados de una corte esplendorosa como Salomón, hasta el punto de atraer a la Reina de Saba, que vino desde lejos a verificar su grandeza. Pero el nacimiento de ninguno de ellos fue anunciado por medio de una estrella aparecida en el cielo ni llegaron sabios de Oriente con intención de adorarlo. Esto ocurrió sólo al nacer Jesús, que no obstante haber nacido en el mundo ignorado y pobre, era el más grande de los reyes: “Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: ‘Rey de Reyes y Señor de Señores’” (Apoc 19,16).

Iluminados por el Espíritu Santo, los profetas habían intuido la venida de un rey distinto que daría comienzo a una nueva etapa de la historia. Isaías escribe: “¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, y la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora” (Is 60,1-3). Este es el que nació en Belén de Judea en tiempos de Herodes. En aquella profecía Isaías anunciaba la afluencia de personajes venidos de Saba trayendo dones: “Todos ellos vienen de Saba llevando oro e incienso y pregonando alabanzas al Señor” (Is 60,6). Oro es el signo de la realeza, incienso el de la divinidad. Hasta aquí podían anunciar los profetas: vendrá un Rey que es Dios mismo; pero más allá, no.

El Evangelio nos quiere decir que ese rey de los judíos anunciado por los profetas es Jesús. Por eso su nacimiento fue manifestado a pueblos lejanos por medio de una estrella y guiados por su luz vinieron unos magos de esos pueblos a adorarlo: “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”. También ellos traen dones: “Abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra”. Ya sabemos qué significa el oro y el incienso: son dones que se ofrecen al que es Rey y Dios. Pero la mirra ¿qué significa? ¿Por qué le ofrecen también este don? Este don no estaba anunciado. La mirra reaparece en el momento en que Jesús está más despojado que nunca de su gloria: cuando su cuerpo bendito es bajado de la cruz sin vida. En efecto, leemos: “Fue también Nicodemo... con una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar” (Jn 19,39-40). La mirra es entonces un don que traen los magos ¡para la sepultura! Con sus dones ellos revelan que este Niño es rey, que es de naturaleza divina, pero que se despojó de ella hasta la muerte, y muerte de cruz, es decir, la más ignominiosa, para salvar al hombre del pecado que lo esclaviza.



« Redacción »
No hay comentarios
Para publicar un comentario relacionado a la nota por favor llene todos los campos del siguiente formulario