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El poder de lo "cuqui"

CuquiCuqui

Autor:Joana Bonet   |    Publicacion:21-07-2019

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La avalancha de ternura glaseada quiere contrarrestar la dureza de nuestro mundo

El gran escaparate del mundo se ha llenado de magdalenas de colores. Cupcakes y emojis –que celebran su día mundial– llorando de risa o lanzando triples besos. Como en un jardín inocente, clona criaturas de cabezas grandes y ojos saltones e invita a huir por un momento de la intolerancia y la bronca, de la injusticia y la desigualdad, con Pokémon: Detective Pikachu, que ha reventado las taquillas del mundo entero, sumando casi 430 millones de dólares desde su estreno en mayo. La proliferación de cuadernos con citas inspiradoras atrae a los niños y también a adultos con el ánimo blando. Algunas incluso se venden con supuestos poderes en realidad imaginarios: “Con esta libreta Cris conseguirá lo que se proponga, y más” o “Duérmete con un sueño y levántate con un objetivo”. La caligrafía naif en colores pastel años cincuenta vale para barberías hipster y mensajes en mochilas escolares. Lejos de aquellas frases transgresoras que circulaban en nuestra juventud, al estilo de “lo personal es po­lítico” o el “walk on the wild side”, hoy triunfa el mensaje adorable, cuqui, una deformación expresiva de la palabra ­cuco (“lindo o gracioso” según la RAE).

En su última novela, Esta bruma insensata (Seix Barral), el escritor Enrique Vila-Matas construye un protagonista que ejerce de proveedor de citas para otros escritores. Y maneja un catálogo estupendo, desde el lema de Joyce: “Silencio, exilio y astucia” al “los muertos siempre se equivocan al regresar a historias de su pasado” de Anthony Burgess, que difí­cilmente funcionarían en el cuqui cosmos de las citas de crecimiento personal. Resalta entre todas la que atribuye a ­Albert Cossery, un salto cualitativamente literario respecto a las llamadas quotes inspiradoras, aunque exprese lo mismo: “Nunca deseé tener nada que no fuera yo mismo. Puedo salir a la calle con las ­manos en los bolsillos y me siento un príncipe”.

La avalancha de ternura glaseada quiere contrarrestar la dureza de nuestro mundo. Leo al autor de The power of cute, Simon May, profesor de Filosofía del King’s College de Londres, quien afirma que esta es la “emoción moral por excelencia”, liberadora de la sociabilidad humana que nos estimula a expandir nuestro círculo de interés altruista. También que la monería está en perfecta ­sintonía con una época más fluida –o al menos porosa– que pretende superar dicotomías tan enraizadas en nuestra sociedad como masculino-femenino, adulto-infantil, e incluso bien-mal. Y me viene a la cabeza el pensamiento de ese gran oidor que era Canetti: cuando nos diluimos en la ternura, nos resulta im­posible volver a mirar con los duros ojos de la realidad. No hace falta recurrir a los vídeos de cachorritos que reblandecen hasta al  amo.



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