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Tiempo de cenizas

Resurgir de las cenizasResurgir de las cenizas

Autor:Cristina Inogés Sanz   |    Publicacion:21-04-2019

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No podemos perder la confianza porque en esas cenizas está nuestra esperanza.

“La catedral no era solo su compañía, era su universo, era toda su naturaleza. No soñaba con otros setos que los vitrales siempre en flor, con otras umbrías que las de los follajes de piedra que se abrían, llenos de pájaros, en la enramada de los capiteles sajones, otras montañas que las colosales torres de la iglesia, otro océano que París rumoreando a sus pies…” Son palabras de Víctor Hugo en su novela “Notre Dame de Paris” que ayer cobraron, si cabe, más fuerza de la que en sí tienen.

No solo se ha quemado una catedral, una obra de arte, una gran y bellísima caja de Historia e historias; se ha quemado un poco de todos nosotros: los recuerdos de los enamorados que pasaron su luna de miel en la conocida como ‘ciudad del amor’; los de los estudiantes que festejaban su final de carrera en París; los de los arquitectos que soñaban construir con perfección y belleza; los de los historiadores que contaban su pasado; los de los cineastas que buscaban el mejor ángulo para la mejor imagen; los de los parisinos, los franceses, los europeos…

Se han quemado 21 hectáreas de madera de roble que daban forma a 100 metros de largo, por 13 de ancho en la nave y a 140 metros de crucero; árboles que fueron talados entre los años 1160 y 1170; se han fundido y estallado vidrieras que llevaban tamizando la luz desde el siglo XIII. Se nos ha quemado una catedral que sobrevivió al odio de un hombre que, perdida la II Guerra Mundial, decidió arrasar París y, sobre todo, su catedral; al general Von Choltitz que desobedeció la orden de arrasar Paris, le debemos haberla disfrutado hasta anoche…

Supongo que a cada generación le sorprenderá y asustará el momento que le toca vivir. A nosotros, supuestamente civilizados, nos está tocando gestionar el tiempo de cenizas: Las cenizas de las Torres Gemelas; las cenizas de los Budas de Afganistán; las cenizas de la biblioteca de Sarajevo; las cenizas de las raíces de nuestra cultura. Se podrá reconstruir Notre Dame desde sus cenizas, y se hará. Es lo que hay que hacer. Los criterios los irán viendo los arquitectos restauradores. Sería bueno crear un equipo europeo de arquitectos ya que Notre Dame, desde 1991, es patrimonio de la humanidad. Es una idea… Eso sí, esta catástrofe podrá servir para ver la importancia del pariente pobre del patrimonio -los archivos- sin los que ahora sería imposible reconstruir Notre Dame.

Se ha quemado mucho, pero se nos ha quemado más que todo eso. Se ha quemado un edifico que con su madera y sus piedras nos enraizaba en la esencia de nuestra cultura: La cultura cristiana de Europa. La cultura de todos, la que unos respetan, entienden y promueven, y otros, pobres infelices, se dedican a vilipendiar e intentan destruir.

Frente al fuego devorador de las llamas que anoche iluminaban París, el trabajo y la entrega de los bomberos -uno de ellos herido de gravedad- que con tenacidad y profesionalidad lograron salvar la estructura de Notre Dame, apareció súbita y espontáneamente algo que lleva tiempo llamando la atención en Francia, en la laica y descristianizada Francia. Grupos de personas, mayoritariamente jóvenes, se concentraron en los puentes que rodean la catedral, como abrazándola, y empezaron a entonar con voz emocionada el Ave María. Algunos que se acercaban y no conocían esta oración, eran invitados a unirse y quienes ya estaban cantando les enseñaban la letra con los móviles conectados a internet. Nadie rechazó la oferta.

¿Qué está pasando en Francia? No lo sé, pero lo que sea que pasa se nota y mucho. Ktotv, la cadena de televisión católica francesa, lejos de dedicarse a retransmitir películas y debates de clara tendencia, está llevando a cabo una labor cultural cristiana -inteligente, de nivel- que hace sentir a sus seguidores como personas puestas en valor. Anoche, además de retransmitir todo cuanto sucedía en Notre Dame con rigor periodístico, invitó a todos su seguidores en Francia y a cuantos pueden seguirla a través del canal por satélite e internet -bendita posibilidad- a unirse en oración, que retransmitían, junto a las Fraternidades Monásticas de Jerusalén, en la iglesia de Saint Gervais.

El titular de “La Croix” decía: “El corazón en cenizas”. Sí, estamos en tiempo de cenizas, de cenizas de muchas clases. Sin embargo, no podemos perder la confianza porque en esas cenizas está nuestra esperanza. En todas las cenizas de nuestro tiempo y, especialmente, en las cenizas de Notre Dame de donde resurgirá un edifico similar en forma -y con otra historia- al que hemos perdido pero, sobre todo, resurgiremos de nuestras cenizas cristianas porque siempre nos quedará París, capital de un país en cuya Iglesia algo está pasando.



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