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Dejándolo todo lo siguieron

Pescador de hombresPescador de hombres

Autor:Felipe Bacarreza   |    Publicacion:10-02-2019

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Hoy día ciertamente el llamado de Cristo se repite; pero son muy pocos los que están dispuestos a dejar sus carreras, cuando gozan de éxito, y seguirlo

El Evangelio de este domingo es claramente el relato de una vocación. Es la vocación de los primeros discípulos de Jesús, sobre todo, de Simón Pedro. Termina con la frase típica de los relatos de vocación: “Dejándolo todo, lo siguieron”.

Hasta aquí había seguido a Jesús una multitud, como se deduce del cuadro presentado: “Jesús estaba a la orilla del lago de Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios... Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre”. Pero ninguno lo había dejado todo para seguirlo. Simón y su hermano Andrés y los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, serán los primeros en hacerlo.

Examinemos más de cerca el momento en que Jesús los llama, pues esto nos enseña mucho sobre el carácter de la vocación apostólica. Cuando Jesús hablaba desde la barca de Simón, él y sus compañeros venían llegando de pescar toda la noche sin ningún resultado. Tal vez nunca la pesca había estado peor, como aclara el mismo Simón: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada”. En esta frase en pronombre indeterminado “nada” está subrayado. Para un pescador de oficio que operaba en ese lago, ese resultado debió ser frustrante. Si alguna vez pensaron dejar ese oficio y dedicarse a otra cosa, este debió ser el momento. Pero no es este el momento en que Jesús los llama, pues entonces para responder a ese llamado habrían tenido que dejar muy poco, o más bien nada. Jesús los llama cuando la pesca está mejor que nunca.

“Cuando Jesús acabó de hablar, dijo a Simón: ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar’”. Después del nulo resultado de la noche era difícil entender esa orden. Pero aquí está el primer acto de confianza que traerá todas las gracias sucesivas. Si Simón se hubiera negado a acoger esa orden, todo habría terminado allí y hoy día no sería el gran apóstol de Cristo, ni la Piedra sobre la cual está edificada su Iglesia. La respuesta de Simón es magnífica; que nos sirva de ejemplo para responder a todo lo que Dios nos pide, aunque nos resulte incomprensible: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero en tu palabra, echaré las redes”. El resultado de esta acción hecha en la palabra de Jesús fue asombroso: “Pescaron tal cantidad de peces que las redes amenazaban con romperse... llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían”. Nunca la pesca había sido tan abundante. Así da gusto ser pescador. Se puede decir que este era el mejor momento de su carrera de pescadores. Y es en este momento cuando Jesús se manifiesta a ellos y los llama a dejarlo todo. La vocación de Simón vale por la de todos: “No temas. Desde ahora serás pescador de hombres”. Y sigue la respuesta: “Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, lo siguieron”.

La respuesta de estos primeros apóstoles es un ejemplo para los jóvenes de hoy que tan difícilmente se deciden a dejar los atractivos que ofrece el mundo para responder al llamado de Cristo. Hoy día ciertamente el llamado de Cristo se repite; pero son muy pocos los que están dispuestos a dejar sus carreras, cuando gozan de éxito, y seguirlo, como hicieron los apóstoles. Ellos ahora gozan de riquezas en cuya comparación todo lo de la tierra no es más que paja.



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