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Abren debate de justicia y perdón


Publicacion:30-01-2019

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Los acuerdos a los que se llegaron incluían la creación de una Comisión de la Verdad y otra comisión para la búsqueda de desaparecidos

 

Para conocer mejor del derecho surgió el debate de “Justicia y perdón es posible”: de acuerdo al activista colombiano,  Leonel Narváez, fundador de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) –activas en 21 países–.

Y es que el actual presidente de la Fundación para la Reconciliación, ofreció la conferencia “¿Perdón o justicia?” en la Universidad de Monterrey.

 “¿Sabían ustedes que hay el placer del odio?”, preguntó Leonel Narváez, mientras el silencio se redobló por las filas de butacas en la sala del Teatro UDEM, en donde permanecían expectantes alumnos, profesores, directivos e invitados especiales de la Universidad de Monterrey.

“El odio da mucho placer y, en menos de nada, se vuelve ideología y, también en menos de nada, se puede convertir en movimiento; entonces, hay movimientos que prácticamente fomentan el odio”, sostuvo el fundador de las Escuelas de Perdón y Reconciliación (ESPERE) –activas en 21 países– y actual presidente de la Fundación para la Reconciliación.

“En esta sociedad actual nuestra, hay una economía política del odio, que son esos líderes que saben vender odio para ganar votos; normalmente, (el odio) viene del cenit y baja a las clases sociales y se convierte en cultura de la venganza y una nutre a la otra”, sentenció.

“¿Perdón o justicia?”, preguntó a los asistentes, así como Narváez –quien participó tres años en el Comité Temático de negociaciones con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)– tituló su conferencia magistral, como parte de la VIII Feria Internacional UDEM, dedicada a Colombia.

“No se debe decir ‘justicia o perdón’, sino ‘justicia y perdón’; quiero que entiendan que no se excluyen”, expuso.

El sacerdote misionero de la Consolata recordó que la primera decisión política sobre la guerrilla de Colombia y del presidente que ganó el Premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, fue: “vamos a negociar (…) ustedes no saben lo difíciles que fueron esos cuatro y medio años en Cuba”, mientras los colombianos estaban divididos entre la justicia restaurativa y la punitiva, esta última con más adeptos.

“Cuando no tenemos la capacidad de negociar y que haya un gane-gane, nosotros no estamos favoreciendo buenas relaciones humanas”, afirmó.

A Colombia, el conflicto armado de 52 años le costó 300 mil muertos –la mayor parte motivadas por las tres "R": “rabia, rencor y retaliación” –, 8.5 millones de víctimas y mucha pobreza. 

Los acuerdos a los que se llegaron incluían la creación de una Comisión de la Verdad y otra comisión para la búsqueda de desaparecidos (calculados en 80 mil), la instauración de una justicia especial para la paz (con 58 magistrados), amnistías e indultos, agentes para la reintegración de los combatientes, una Unidad para la Reforma Agraria y otra para las Víctimas, así como el reconocimiento de las FARC como movimiento político, para lo cual se otorgaron 10 curules en el Congreso.

Asimismo, se establecieron tres tipos de penas: de cinco a ocho años de restricción de libertad (en ranchos o cooperativas) para quienes reconocieron su responsabilidad; de cinco a ocho años de cárcel para quienes reconocieron su responsabilidad antes de la sentencia, y entre 15 y 20 años de prisión para quienes no reconocieron su responsabilidad y fueron hallados culpables.

Posteriormente, narró Narváez, las bandas criminales pidieron su propia negociación de sometimiento a la ley y el Congreso de aquel país aprobó una iniciativa legislativa en este año, en la que se incluyó la “favorabilidad jurídica” para someterse a la justicia, la garantía de la empleabilidad y el fortalecimiento de la educación para la paz.

El también filósofo y sociólogo reveló que el Índice de Paz México encontró evidencia para el país de un colapso para la paz en toda la sociedad, más allá del crimen organizado, ya que este rubro produce no más del 50 % de los homicidios, mientras que el resto es “violencia societaria”.

Este mismo índice señaló que, en 2017, la violencia aumentó un 10.7 %; el 69 % es por arma de fuego –con un aumento de 36 % de uso de armas más que el año anterior–; la violencia doméstica aumentó un 32 %, y el costo económico de la violencia se incrementó un 15 %, para un total de 634 billones de pesos.

En el caso de Nuevo León, las estadísticas  de 2017 indican que la entidad se volvió 15 % menos pacífica, lo cual se generó por un incremento de 40 % en la tasa de homicidios, y los delitos con violencia aumentaron más de 15 % con respecto al año anterior.

Entre las propuestas del activista colombiano para la paz en México, figuran el reducir la corrupción y la impunidad, construir la capacidad institucional transparente y confiable, proteger a la juventud y encarar las dinámicas profundas de la violencia detrás del uso de armas, comercio ilícito, extorsión, secuestro y las diversas formas de homicidio.

“Les aseguro que en este momento hay muchos jóvenes metidos en las bandas criminales que les toca estar porque no encuentran otra salida; ya cometieron crímenes y les toca seguir por ahí; cómo es posible que no encuentren una mano de la sociedad para que se salgan de ahí; y la única solución que ellos (los jóvenes) ven es que los van a matar y, entonces, siguen reforzando sus grupos”, aseguró. 

Narváez definió al perdón como una desintoxicación interior; un ejercicio de resignificación; recordar con otros ojos, mientras que la reconciliación es “un encontrarse con el otro y negociar”, lo cual es más difícil que el perdón.

“El perdón como cultura, como virtud política, puede sacarnos de la violencia; talvez es eso y nada más: no hay otra solución”, manifestó.

El presbítero aclaró que la paz completa no ha llegado a Colombia, porque “la paz es como un bebé que nace”: la paz se construye y crece gradualmente, y en Colombia, todavía tienen “una baby peace,  pequeñita y muy frágil”.

Comentó que, en entrevistas con familiares de víctimas en Estados Unidos, cuyos criminales tenían pena de muerte, el 98 % de los sobrevivientes no quedaban satisfechos con el castigo.

“El ser humano, si no perdona, aunque le den pena de muerte al criminal, no queda satisfecho”, concluyó, “no hay castigo que le dé satisfacción al odio y a la rabia que usted tiene por dentro; y si usted mismo no transforma esto, usted se queda eternamente víctima”. 



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