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Pequeño homenaje a Esopo

FábulasFábulas

Autor:Olga de León / Carlos Alejandro   |    Publicacion:02-12-2018

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No elijas para ti lo que los otros eligen para ellos, ni lo que te dicen que debes elegir

Fábulas de Carlos Alejandro.


La Comadreja y el Águila.


Un día, una cobarde y envidiosa comadreja compró un pastel para compartir con los animales de la selva. Primero se dirigió al águila, y le ofreció un pedazo. El águila lo aceptó diciendo: “¡Qué buena compañera de selva eres!”, y la comadreja se rió sarcásticamente. Cuando se hubo retirado la comadreja para continuar repartiendo tajadas de pastel al resto del reino animal, el águila tiró a la basura el pedazo que había recibido, diciendo: “esta cobarde comadreja desea envenenarme”.


Moraleja: Espera lo peor de la gente que siente envidia y es cobarde.

El gusano chillón


Un gusano solía cantar en público sus debilidades y, de esa manera, lograba manipular a los animales que estaban a su alrededor: lombrices, hormigas, moscas y zancudos. Proyectando una imagen miserable de sí mismo, el gusano recibía misericordia, y convencía al resto de los animales de que él debía ser el jefe. Hasta que un día, un cazador que caminaba por el bosque lo pisó, y se le salieron las entrañas verdosas del veneno que lo corroía.


Moraleja: La manipulación, tarde o temprano, llega a su fin.

La Araña, el Cuervo y el Jilguero


Una araña trabajaba día y noche en construir un nido para el cuervo. Este solía decirle que tenía sus patas y su pico lastimados, así lograba que la araña trabajara todo el día para él. Cierto día, un jilguero que contemplaba la escena, quiso abrirle los ojos a la araña; pero la araña no comprendió y le informó al cuervo sobre lo que escuchó decir al jilguero. El cuervo, entonces, le contó a la araña otra mentira: que había sido el jilguero el culpable de que se lastimara patas y pico, y nuevamente así la convenció de tener listo su veneno. Cuando reapareció el jilguero, la araña lo picó y aquél cayó muerto.


Moraleja: Nadie debe dar consejos a esclavos ajenos.

El Cuervo y la Hormiga


Un envidioso cuervo caminaba por el bosque cuando encontró a una hormiga cuya personalidad admiraba. “Voy rumbo a la montaña”, le dijo a la hormiga, y ella, quien se dirigía a un hormiguero que se encontraba justo en la montaña, prefirió callar, no fuera que el cuervo quisiera llevarla volando en su lomo, pues la hormiga sabía muy bien que el cuervo era malo y envidioso.


Al día siguiente, cuando el cuervo se disponía a salir de regreso, se encontró con la rana, quien le contó que el día anterior había visto a la hormiga en la montaña. El envidioso cuervo, sintiéndose engañado, buscó a la hormiga para picotearla, pero esta ya se había ido.


Moraleja: La admiración fácilmente puede convertirse en odio.

El Sapo y la Culebra


Un sapo que había invitado a cenar a una rana, también invitó sorpresivamente a la culebra. A la rana no le agradó encontrar al otro invitado, pues temía que la culebra los envenenara. Sin saber que la piel del sapo a su vez era venenosa, la culebra le lanzó una mordida cuando se encontraban ya disfrutando del postre. La culebra cayó muerta, envenenada.


Moraleja: Muchos mueren queriendo devorar a los demás.

El Cazador


Un huracán se avecinaba, cuando el cazador decidió internarse en el bosque en busca de un ciervo, quien huía a toda prisa. Comenzó a caer la lluvia, y el frió a azotar, más el cazador no se retractó y continuó internándose en el bosque. El ciervo, con sus patas ágiles, pudo atravesar el bosque sin ningún problema; pero de pronto, el cazador se vio atrapado en un pantano, donde se hundió con todo y sus flechas y arco.


Moraleja: Nadie debe desatender las advertencias que nos hace la Madre Naturaleza.


Fábulas de Olga de León


La Tarántula y la Zorra


La pequeña zorra había decidido que ya era tiempo de partir en busca de su destino, así que se alejó de todos. Llegó a una región boscosa y nueva en donde se topó con una tarántula a la que le preguntó si allí vivían algunas zorras y zorros. La tarántula le dijo: “inclínate para que puedas oír mi respuesta y sepas cómo encontrar a tus hermanos. Aunque la zorrita no tenía mucha experiencia de vida, intuyó que si así la había podido escuchar, no había motivo para acercársele más, y se alejó rápidamente de la asesina disfrazada de buena samaritana.


Moraleja: Más vale desconfiar de quien pone condiciones para regalarte algo.

La Oruga


Cuando la pequeña oruga murió, antes de transformarse en mariposa, tocó a la puerta del cielo, y preguntó a San Pedro: ¿Aquí es a donde vienen las que no llegaron a mariposas?, a lo que el guardián de la puerta celestial, le respondió: No, aquí vienen solo los que supieron ser felices durante el tiempo que vivieron, fueran gusanos, orugas o mariposas. Me parece que tú tienes que ir al Purgatorio, un buen rato, para que aprendas a vivir feliz con lo que eres y fuiste.


A la vuelta del tiempo, en el Purgatorio, la oruga se convirtió en mariposa. Entonces, pensó que era tiempo de volver con San Pedro. Así lo hizo y, cuando llegó, este le preguntó: ¿Has sido feliz en la Tierra y el Purgatorio? Ella respondió: No lo sé, pero sí sé que viví en el mundo y no lo supe, pues siempre esperé a vivir, hasta que me convirtiera en mariposa; y muerta, aprendí que viví en el mundo sin saber. Hoy continúo viviendo la otra parte de mi vida acá, como mariposa que nunca olvidará que antes fue una oruga plena.


Moraleja: Hay que saber vivir disfrutando lo que se es: oruga o mariposa.

La Pajarita Parlanchina


Hablaba y hablaba sin parar, la pajarita parlanchina. No se daba cuenta que su forma de ser -hablar mucho y sonreír igual- causaba fastidio en quienes no eran así. Un día, una hurraca se acercó a ella y le dijo: “¿Por qué no te callas?” Y la pajarita, que a nadie le gustaba contrariar, se calló. Luego de varios días sin reír ni charlar, la pajarita enfermó de tristeza y desánimo. Entonces, cuando la hurraca volvió al árbol donde la primera vez la vio, le dijo: “¿Por qué no hablas?”, y la Pajarita, casi moribunda, la miró con alegría y comenzó a parlotear. Nunca más, se calló. Entendió que no tenía por qué darle gusto a los demás cuando su vida y alegría estaban de por medio.


Moraleja: Nadie debe callarse si es feliz hablando.

El Hombre Agrio y el Gato


Un gato enamorado maullaba todas las noches encima de una barda que marcaba la división de propiedades entre dos vecinos. Uno de ellos dormía plácidamente todas las noches, a lado de su mujer, quien igual hacía. El otro vecino, quien no podía dormir, gritaba que alejaran a ese gato de su propiedad, y cada mañana amanecía cansado y malhumorado. Hasta que su mujer, un día le dijo: Si en lugar de no dormir, por refunfuñar y tratar de ahuyentar al gato que le canta a su amada cuando hacen el amor, tú hicieras lo mismo, otro gallo te cantara y no solo fueras feliz tú, sino también yo.


Moraleja: El que mucho se queja de otros, es que algo le falta, o es ciego y tonto ante lo que tiene junto a él.

La Ranita y el Sapo


A una ranita que se enamoró de un sapo, todas sus amigas le aconsejaban que se alejase de tan horrendo espécimen. Mas la ranita desoyendo a amistades y familia, se casó con su sapo feo.


Pasaron los años y las ranitas, que por mucho tiempo no se habían visto, un día coincidieron en el sepelio del marido de una de ellas. La ranita y el sapo llegaron a dar el pésame y se enteraron de las desgracias que a cada una les había tocado vivir con quienes se casaron.


A la del anfibio muy rico, este la engañaba desde el primer mes después de su boda; habiéndolo descubierto, el muy descarado le dijo: mejor que sepas: así será mi vida, y tendrás que acostumbrarte a saber que no soy de tu exclusividad. Otra, la del más guapo de todos los maridos, resultó que tenía más de cinco, entre novios y novias, y la propia ranita no sabía si ella había sido primera o segunda, pero sí, que no era la última. Una más, después de probar las mieles de la fortuna y el éxito, el marido cayó en desgracia por fraude y desfalco, y a la cárcel fue a dar. Y la lista de infortunios siguió…


La ranita y el sapo nada dijeron al enterarse de todo, solo se miraron en silencio. Pero ese día, las demás ranitas, a él lo encontraron muy guapo y a ella feliz y afortunada.


Moraleja: No elijas para ti lo que los otros eligen para ellos, ni lo que te dicen que debes elegir; pues cada uno debe reconocer, qué es lo ideal y mejor en su vida, aunque seguramente no lo será para los demás.



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