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José Manuel Berruecos, Profesor Emérito entre la ciencia y el arte


Autor:Juan Carlos Castellanos C.   |    Publicacion:08-01-2017

TAGS: Veterinaria, Medicina, Doctor, Genetica, UNAM

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La medicina humana previene y cura; la veterinaria, crea, asegura el maestro y doctor en genética y estadística.

México.- Su porte es napoleónico. Su carácter, de gentilhombre que sabe hacer y conservar amigos. Su cuna estuvo rodeada de ciencia, por su padre médico, y arte, por su madre pianista. De niño tuvo y crió conejos para venderlos en la primaria -hasta que lo expulsaron por esa práctica-, pero nada que ver con un sueño veterinario.

Es José Manuel Berruecos Villalobos (Ciudad de México, 1942), distinguido y apreciado Profesor Emérito de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se licenció; Maestro por la Universidad de California, y Doctor por la Universidad Estatal de Carolina del Norte.

Cuando debí escoger carrera en la universidad, mi madre me preguntó que cuál tomaría. Le dije que no lo sabía, porque en ese entonces me gustaban Física, Química, Biología, Arquitectura y Medicina Veterinaria. Ella me contestó que de todas esas carreras, la única en la que no iba a poder destacar era la de Medicina Veterinaria”, evocó el profesor.

Al día siguiente, fue a inscribirse en Veterinaria, a ver si era cierto lo dicho por su madre. El lunes 7 de marzo de 1960 llegó, con una mezcla de emoción, incertidumbre y reto, a la Escuela Nacional de Medicina Veterinaria y Zootecnia en Ciudad Universitaria. Le gustó mucho la carrera. “Es hermosa y tiene una lista interminable de posibilidades”, explicó.

Berruecos dijo que si de una cosa está orgulloso, además de sus hijos y sus nietos, es de la facultad que lo ha visto crecer personal y profesionalmente. Suspira y dice: “Se puede hacer investigación y crear proyectos; la medicina humana es curar y si acaso, prevenir; veterinaria, es crear, y eso me llena de orgullo y mucho gusto”.

Nunca abandonó la idea de estudiar otra carrera. Presentó su examen para Arquitectura, cuando llevaba cuatro años en Veterinaria, y lo comentó con su papá, quien lo amonestó y sugirió que terminara esa cerrera y luego pensara en iniciar una segunda. “Me dijo que no desperdiciara lo avanzado, ni mi buen promedio ni lo que me gustaba de Veterinaria”.

Con esa idea, Berruecos presentó con éxito su examen de admisión en la Facultad de Arquitectura. “Lo aprobé. Espero lo tengan abierto y validado porque algún día, algún día, estudiaré esa carrera”, enfatizó subrayadamente, para abonar a su charla que luego, concluyó sus estudios en la Escuela Nacional de Medicina Veterinaria y Zootecnia.

Antes, mientras estudiaba, la Fundación Rockefeller le pagó como profesor adjunto en la escuela nacional. “Al terminar la carrera quería estudiar más pero me topé con una severa escases de libros especializados, y los que había estaban en inglés. No podía leer, por eso, decidí viajar a Estados Unidos para aprender inglés y poder estudiar con esos libros”.

Se había graduado en la UNAM en 1964 y de ese año a 1970 vivió en el país del norte, donde obtuvo la Maestría y después el Doctorado.

Regresé para trabajar en el Instituto de Investigaciones Pecuarias de la desaparecida Secretaría de Agricultura y Ganadería, donde inicié mis investigaciones en genética, y a dar clases en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM.

Berruecos Villalobos, Profesor Emérito por ser un universitario distinguido, quien ha formado a un gran número de docentes e investigadores, por todas sus aportaciones al conocimiento de la genética animal y por su importante labor de difusión de la medicina veterinaria, comenzó en 1970 su carrera docente. En este punto de la entrevista, recordó:

“En esa época, mi vida se dividía entre mis investigaciones pecuarias y la impartición de clases. Era una labor titánica, porque en la secretaría trabajaba yo todo el día y mis clases eran de 8 de la mañana a 10 de la noche; en el día laboraba en Cuajimalpa y en la noche en la UNAM, lo que representaba terminar cada día totalmente cansado”, relató el entusiasta profesor.

Así estuvo tres o cuatro años, hasta que renunció a la Secretaría y en 1975 se convirtió en profesor de tiempo completo en la FMVZ. “Luego, en la gestión como rector de la UNAM (1981-1984) del doctor Octavio Rivero Serrano, lo invitaron a coordinar la Secretaría Ejecutiva del Consejo de Estudios de Posgrado de la Facultad de Veterinaria.

“Ocupé ese puesto cuatro años. Un nuevo rector (1999-2007) Juan Ramón de la Fuente (Ciudad de México, 1951) me invitó al Sistema de Universidad Abierta, donde estuve un par de años, transcurridos los cuales regresé a la dirección de la facultad y desde entonces y hasta que pueda voy a estar en mi oficina, con mis alumnos y con mis investigaciones”.

El entrevistado imparte las asignaturas de Genética y Mejoramiento Animal y sus áreas de especialización e investigación están inscritas en el amplio y apasionante universo del mejoramiento genético en cerdos y a pesar de lo absorbentes que resultan sus clases y sus investigaciones, se da tiempo para escribir, para el arte y la cultura, y para su familia:

Los libros que he escrito son como mis hijos adoptivos”. A la fecha ha escrito libros de crónicas de viaje, “La Generación 60-64”; de texto, “Mejoramiento genético del cerdo”, “Mejoramiento genético en los animales domésticos” y “Genética general”, donde une sus pasiones, arte y ciencia, “Los animales favoritos de mis pintores preferidos, entre otros.

“Mi principal cualidad es tener muchos amigos, quienes por ser mis amigos, reconocen lo que he hecho hasta ahora”, acotó el Profesor Emérito de la FMVZ desde 2001 y pionero de la genética pecuaria en México, quien recordó que la hoy FMVZ tiene más de 160 años de formada. “Mi cédula profesional es la 400 pues antes no había muchos alumnos”.

Su época como alumno fue de maestros que trabajaban en el gobierno, una granja o una clínica y corrían después a dar clases. “La práctica del profesor al dar clases era una experiencia de lo más valioso, porque nos llevaban a las granjas y establos donde ellos trabajaban, y podíamos ver animales vivos en su entorno natural y conocer sus necesidades reales”.

En su área de acción, ha sentado las bases de las primeras incursiones en la genética pecuaria, en un momento en que no se había explorado. Realizó proyectos sobre cómo se heredan las características en las diferentes razas y estudios sobre si nuestros animales siguen los patrones de reproducción y genética similares a los que hay en otros países.

 



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