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“El cine dejó de ser una vivencia colectiva”


Publicacion:01-01-2017

TAGS: AurelioDeLosReyes, Cine, Mexico, SeptimoArte

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El investigador que recibió el Premio Nacional de Arte y Lingüística habla de su pasión por el séptimo arte y cómo éste ha cambiado con los años.

CIUDAD DE MÉXICO.- Aurelio de los Reyes es el gran historiador del cine mudo en México, a él se le debe el rescate de dos películas fundamentales del cine mexicano: “El puño de hierro” y “El tren fantasma”, que escondió cuando apenas tenía 15 años pero ya ponderaba su pasión por el cine y tenía clara su vocación de historiador; a él se le debe también la recuperación del argumento original de otra cinta mexicana emblemática: “El automóvil gris”, que halló en el Archivo General de la Nación.


El historiador, escritor, investigador y académico nacido en Aguascalientes, el 3 de agosto de 1942 tiene en su haber más de una docena de libros publicados, entre los que destaca “Los orígenes del cine en México. 1896-1900”; el primero de los tres tomos del cine mudo en nuestro país —queda por publicar el cuarto tomo que va de 1928 a 1932 y un quinto volumen con la filmografía y bibliografía—, así como “Programas de espectáculos públicos” ilustrados por José Guadalupe Posada y “El nacimiento de ¡Que viva México!”


Ha publicado sus investigaciones en más de 50 libros, varios de ellos los ha hecho en colaboración y otras tantos como coordinador. Ha dirigido más de 100 tesis sobre cine de licenciatura, maestría y doctorado y ha dado clases en la UNAM durante más de cinco décadas. En 1992 recibió el Ariel por el cortometraje documental “Y el cine llegó”; desde 2009 es miembro de la Academia Mexicana de Historia y hace unos días recibió el Premio Nacional de Arte y Lingüística en la categoría de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía por sus aportaciones a la historia del cine mexicano. Con él conversamos.


-¿El Premio Nacional le ha llevado a hacer un balance de su carrera?


No porque es un momento más en la investigación, no es el fin de la carrera, es un estímulo para terminar el proyecto que tengo de mis investigaciones. No porque reciba el Premio dejo de escribir, no porque sea el máximo reconocimiento que un gobierno le pueda entregar a un estudioso se paraliza uno o es el fin de la carrera. Escribí libros no para ganar premios sino por mis inquietudes, en el fondo mis libros no son más que respuestas a las preguntas que me he hecho, las preguntas siguen y sigue mi investigación.


-¿Las preguntas siguen?


La pregunta básica es ¿cómo fue el cine mudo en México que cubre de 1896 a 1932? Aunque la investigación ya la terminé me falta escribir el último tomo del cine mudo, llevó escrito hasta 1928, entonces me falta de 1928 a 32, qué pasa de 28 a 32, ahí sigue la pregunta. Ese será el cuarto tomo, el quinto tomo será la filmografía y la bibliografía.


Ahorita estoy trabajando en lo que fue mi tesis del segundo doctorado, el impacto de la narrativa cinematográfica en la literatura de la postrevolución. Allí la pregunta es ¿cuál fue ese impacto?, ¿por qué fue ese impacto? Son preguntas que no se acaban, aun así dejó muchos aspectos fuera y para eso están también los alumnos, mis libros no son más que el principio de investigaciones que permiten sugerir posibles temas para continuar.


-¿Investigar es difícil en México?, ¿hay una tradición archivística?


Desde luego que hay buenos archivos, gracias a eso he podido abordar toda una serie de aspectos que de otra manera no hubiera sido posible, por ejemplo, como no había películas entonces me propuse averiguar cómo eran esas películas que ya no existían, se me ocurrió explorar el archivo de derecho de autor, allí estaba el archivo bastante completo. Aunque de 1868 a 1917 derecho de autor no guardó ejemplares, sabía que uno de esos tres ejemplares los mandaba al Archivo General de la Nación, entonces fui al AGN y ahí estaba el fondo completísimo, desde el primer registro de 1868, en ese fondo fue que encontré los argumentos de las películas y específicamente el argumento de “El automóvil gris”, que es una película muy importante.


-¿Ha hecho grandes hallazgos?


Están por ejemplo los programas de mano, fui al Archivo de la Ciudad de México y me plantee la pregunta ¿cómo es que el municipio empieza a regular el cine? Fui al archivo municipal para ver cómo era, me encuentro que tenía el legajo de los permisos para abrir salas cinematográficas y que según el reglamento los empresarios de los espectáculos tenían que entregar dos ejemplares de los programas diarios, uno lo destinaba al inspector de diversiones porque tenía que recorrer los diversos sitios de espectáculos, y el otro ejemplar lo debían guardar.


Yo buscaba el primer programa de cine porque ahí tenía que estar la solicitud de permiso que debieron presentar los enviados de los Hermanos Lumière. El encargado del archivo decía que no existía y yo seguía preguntando, un día un trabajador me dice “creo que lo que usted anda buscando lo van a tirar, hay una serie de legajos que van a dar de baja”. Él me llevó a las bodegas del archivo, vi legajos amarrados y en uno de esos estaba la colección de programas, acababan de nombrar a una nueva directora y ella tuvo sensibilidad y rescató los programas. Allí efectivamente encontré el primer programa y además fue una colección riquísima porque allí había programas de espectáculos públicos ilustrados por José Guadalupe Posada. Un ángulo del trabajo de Posada que no se conocía y dio origen a otro de mis libros.


-¿Ha recuperado joyas del cine?


Sí me ha tocado rescatar algunas cosas como las películas El puño de hierro o El tren fantasma. Yo estaba chiquillo, tenía 15 años, entré a trabajar a una compañía y el primer día de trabajo el señor encargado de la correspondencia me dijo “mira te voy a enseñar a hacer un pegamento muy bueno. Vas a una farmacia compras una botella de acetona y luego estos cachitos de películas se las metes a las botella, se disuelven y en dos semanas tienes un pegamento muy bueno”. Esos cachitos de películas eran los letreros de El puño de hierro, tenía la vocación de historiador y se me hizo monstruoso lo que estaba haciendo, no tenía ninguna autoridad entonces lo que hice fue esconderlas. Pasó el tiempo, desarrollé mis estudios, me centré en el cine, entré en relación con el maestro Manuel González Casanova, que es el fundador del CUEC y de la Filmoteca, entonces le sugerí al señor Leonardo Mayer, gerente de aquella compañía, que cediera las películas a la Filmoteca, las cedió y ahora son dos de las tres únicas películas del cine mudo que se conservan.


-¿Descubrió pronto su vocación?


Uno lo trae, el cine es de toda la vida, me viene desde niño, en ese sentido hay una continuidad. Yo vivía en Fresnillo, Zacatecas, me cuenta una amiga que ella me preguntaba qué iba a ser de grande y que yo le decía “crítico de cine”. No soy crítico, fui historiador pero la vocación era el cine. Una vez que decidí que iba por el cine mudo, no he cambiado.


-¿Otro gran aporte es el académico?


La primera tesis de doctorado que dirigí fue la de Julia Tuñón, “Mujeres de luz y sombra”. Julia y yo fuimos compañeros de generación cuando me dice “dirígeme la tesis”, le dije “¿cómo, si somos muy cercanos?”, ella me dijo “Aurelio, la mejor manera de dirigir es cuestionándome”. Ese fue el mejor consejo. Con los estudiantes se da, tengo cierta idea del tema y lo empiezo a conducir pero llega un momento en que el estudiante sabe más que yo, entonces cuando llega ese punto es cuando empiezan los cuestionamientos para que solidifiquen su argumentación. Julia tenía razón, el mejor método es cuestionar a los estudiantes.


-¿Hay varios libros por escribir?


Hay muchos pero los que tengo pendientes son cuatro o cinco, para cada uno necesito cuatro o cinco años, entonces necesito 20 años de vida, lo que no sé si se los voy a vivir o no, por eso me urge terminar de escribirlos.


-¿La academia lo distrae mucho?


No me quita tanto tiempo, además necesito distraerme del tema. Tengo un ciclo de conferencias en la Cineteca sobre neorrealismo italiano, pero más bien es descanso, tengo que revisar trabajos de los alumnos pero en un momentito lo hago. No puedo está abocado a una cosa, me volvería loco.


-¿Sigue viendo mucho cine?


Quisiera pero ya no, lo lamento mucho, si leo que los premios y que el director tal, voy al IMCINE y veo los catálogos de producción anual, quisiera ver algunas películas pero no me da tiempo. Las llego a comprar pero tampoco tengo tiempo de verlas porque preparar un curso de la Cineteca me implica revisar las películas, en función de estas actividades es mi visión de las películas.


Lamento mucho no tener la capacidad de ver películas como la tuve en mi juventud, cuando iba a tres o cuatro cines en un mismo día, llegué a ver seis películas en un día porque eran las funciones triples, matinés en la mañana y luego una triple en el cine Magestic en la tarde o los cines populares aquí en el Centro; en el cine Florida, que ya lo tumbaron que era uno de los cines más grandes, para ocho mil espectadores, ese y uno de China eran los más grandes de todo el mundo. Allí daban un programa triple por 1.50 y se llenaba. En Semana Santa, en lugar de la visita de las siete casas, me iba a la visita de los siete cines. Pero esa capacidad la he perdido, como no escribía y no investigaba pues sí tenía todo el tiempo del mundo, pero ahora no.


-¿Los cines han cambiado?


Ahora me sorprende que sean salas tan pequeñas; creo que voy a encontrar tumultos y están vacías; han cambiado mucho las maneras de ver cine, desde el momento en que uno las puede ver en los iPhone dejó de ser una vivencia colectiva, un medio de sociabilidad y más bien el disfrute es individual. Pero ya no es ese sentido se sociabilidad que tenía el cine. Me gustaba mucho asistir a estos cines de barrios populares, me gustaba mucho hacer cola, una vez que vine al Alarcón, un día domingo, el cine lleno y una señora con su familia sentados con las piernas estiradas en el pasillo, entonces pasó un señor, se tropieza y casi se cae, vienen los insultos: “vieja jija”, “viejo de tal”; luego dicen “¡pero comadre!”, “compadre”, “¡ay comadrita!”. Pues eran conocidos, ahora todo eso se acabó. Eso me ha gustado mucho, fijarme en el público, desde vivirlo y compartir la experiencia.


-¿El cine sigue dando la misma emoción de cuando llegó el cinematógrafo y el tren que parecía venirse sobre los espectadores?


Son como temperamentos individuales. Una de mis hermanas, a pesar de que crecimos y fuimos al cine, todavía ve las películas y haga de cuenta que está viendo la realidad. Fuimos a ver una película de Drácula y ella empieza a gritar: “¡se la va a chupar! El crucifijo, sácale el crucifijo”. Yo le decía: “Ángela pero si es cine”. Y ella: Pero se la chupa, se la chupa”. “Ángela cállate”. Ella sigue viviendo las películas como si fuera la realidad. No es cuestión de educación, muchas veces es de temperamentos individuales.


-¿El cine es su gran pasión?


Lo sigo disfrutando mucho.



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