El Porvenir MX

Viernes, 25 Julio 2014
Ediciones Anteriores

Opinión / Editoriales

“Una voz que me taladra…”

Por: Alfonso Zárate El asunto Cassez porta una inusual complejidad jurídica, política y diplomática. Desde el punto de vista legal, porque pone en tensión valores que deben ser protegidos: el derecho de los indiciados a un proceso con todas las formalidades de la Constitución, las leyes y convenciones internacionales y, no menor, el de las víctimas que reclaman que no quede impune ese horrendo delito. El proyecto del ministro Zaldívar subraya la presunción de inocencia y fallas al “debido proceso”, sobre todo el montaje para televisión —que hasta sigue sin consecuencias para sus responsables— y la supuesta manipulación de evidencias, lo que habría generado un “efecto corruptor” en todo el proceso que impediría conocer la realidad de los hechos. En mi opinión, los errores absurdos, reprobables, que se cometieron durante la liberación de las víctimas no deben llevarnos a ignorar el asunto de fondo: la participación en esos hechos abominables de Florence Cassez y su novio Israel Vallarta. Los padres de Florence han conseguido involucrar al presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, cuyas gestiones para liberarla y su conducta grosera y prepotente convirtieron el tema judicial en diplomático, baste recordar su decisión de dedicar a Cassez el Año de México en Francia; la trama resultó una oportunidad para exaltar el nacionalismo galo y sumarle apoyo a un jefe de Estado en apuros. Pero, además, el tema se ha contaminado. No han faltado quienes buscan ubicar a Cassez y al titular del Ejecutivo mexicano, como los extremos en pugna. Desde esta lógica, confirmar las resoluciones condenatorias (la sentencia definitiva del Primer Tribunal Unitario en Materia Penal del Primer Circuito y la resolución del Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito, que negó el amparo) implicaría favorecer la estrategia de Calderón. El proyecto de Zaldívar se inscribe en una corriente jurídica que debiera sentar precedentes. Seguramente muchos indiciados o incluso condenados sufren una prisión injusta que no se habría dado de haber tenido un proceso apegado a la Constitución y a las leyes. Pero esta visión no toca lo esencial. En su resolución, el Séptimo Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito estableció: “efectivamente se encuentran acreditados tanto los delitos que se le atribuyen a la quejosa como su responsabilidad penal al respecto, ya que si bien es cierto que las víctimas no lograron verle la cara, por tenerla cubierta, empero proporcionaron algunos datos que coincidieron con los de la quejosa como son su voz, su acento extranjero, el color y textura de la piel de sus manos, el color de su cabello, aunado a las circunstancias de la detención, como son el que acompañaba a su coinculpado Israel Vallarta, quien refirió el lugar donde se encontraban las víctimas…” Y está el alegato de los secuestrados. En su declaración ministerial del 9 de diciembre de 2005, Ezequiel Elizalde afirmó (y lo ha repetido): “Esta mujer es la que me llevó los sándwich, me dijo que no hiciera pendejadas, me sacó del cuarto y me dijo que le iban a mandar un regalo a mi papá, que quería un dedo o una oreja, fue quien me inyectó”. Más dramático aun es el relato de Cristina Ríos Valladares en una carta a la opinión pública —La Jornada, viernes 13 de junio de 2008— de los horrores indescriptibles que vivió con su hijo en los 52 días de cautiverio en los que sufrió abuso sexual y tortura sicológica: “[…] Florence Cassez, la misma mujer cuya voz escuché innumerables ocasiones durante mi cautiverio… la misma voz de origen francés que me taladra hasta hoy los oídos […] clama justicia y grita su inocencia. Y yo en sus gritos escucho la voz de la mujer que, celosa e iracunda, gritó a Israel Vallarta, su novio y líder de la banda, que si volvía a meterse conmigo (entró sorpresivamente al cuarto y vio cuando me vejaba) se desquitaría en mi persona”. Si los ministros de la Primera Sala resuelven en el sentido que propone el ministro Zaldívar (“revocar la sentencia recurrida y otorgar el amparo a la quejosa”), las víctimas de la banda Zodiaco y muchas otras agregarán al sufrimiento de los días de cautiverio, el dolor de la impunidad. @alfonsozarate

Comentarios Usuarios de Facebook


Deja un comentario

Asegúrese de introducir la información marcada como requerida(*).

© Editorial El Porvenir S.A. de C.V. 2013

Register

User Registration
or Cancelar